Afirman que comer carne impulsó la evolución de la especie

De acuerdo con un estudio reciente de la Universidad de Harvard al incorporar la carne a su dieta, los primates abrieron el camino evolutivo que condujo a las características actuales del Homo erectus, entre ellas el desarrollo del cerebro.

El estudio titulado “Impact of meat and Lower Palaeolithic food processing techniques on chewing in humans” (“Impacto de la carne y las técnicas de procesamiento de alimentos en el Paleolítico Inferior en la masticación de los humanos”) fue publicado en la revista Nature el pasado mes de marzo.

De acuerdo con sus autores,  Katherine D. Zink y Daniel E. Lieberman, el estudio demuestra que la carne jugó un papel central en la constitución de la naturaleza humana tal como se le conoce en la actualidad.

Los experimentos de estos biólogos especialistas en evolución los llevaron a la conclusión de que nuestros antepasado consumieron carne incluso antes de que se usara el fuego para cocinarla y, para ello, necesitaron elaborar herramientas especiales

Según la investigación, cuando la carne llegó a representar la tercera parte de la dieta, el número de ciclos de masticación por año se redujo en casi 2 millones o el 13%, al que habría que sumarle otro 5% por el procesamiento de la carne con instrumentos de piedra como los morteros.

Su análisis les permitió comprobar que los humanos no pueden comer carne cruda de modo efectivo con sus dientes.

“Cuando se le da a la gente cabra cruda, mastican y mastican y mastican, y la mayor parte de la carne permanece en una masa principal“, agregó Lieberman.

En cambio, al cortarla o molerla las diferencias en la masticación son abismales.

“Especulamos que a pesar de los muchos beneficios de cocinar para reducir las bacterias y los parásitos endógenos, y aumentar la ganancia energética, las reducciones en los músculos de la mandíbula y el tamaño de los dientes que evolucionaron hacia el Homo erectus no necesitaron del proceso de cocinar, y deben haber sido posibles por los efectos combinados de comer carne y procesar mecánicamente tanto la carne como los vegetales duros”.

El estudio destaca que la carne requiere menos fuerza masticatoria por caloría que las plantas duras generalmente disponibles para aquellos homínidos, pero sus molares chatos no podían romper las fibras de la carne cruda.

De ahí la importancia del procesamiento en morteros o por corte: sin eso, los beneficios de la carne que transformaron la especie no hubieran sido posibles hasta la aparición de, por ejemplo, el fuego controlado para cocinar, unos 2,5 millones de años después del uso de estos utensilios de piedra, que datan de 3,3 millones de años.

Se estima que ese ahorro de masticación permitió la reducción del tamaño de la mandíbula, sus músculos y los dientes, a la vez que el aumento de consumo de proteína permitió que el cerebro se transformara..

La novedad del estudio de Zink y Lieberman es que contradice la idea aceptada de que el fuego fue capital para la evolución humana al brindar evidencia de que mucho antes de su uso se verificaron cambios de importancia —la reducción masiva de los dientes y los músculos de la mandíbula, el achicamiento de los intestinos, la expansión del cerebro— relacionados con la incorporación natural de la carne a la dieta.

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