Piden fomentar la transformación rural inclusiva

Los cambios estructurales rurales no necesariamente conducen a un desarrollo rural inclusivo, por lo que se requiere de poner en marcha inversiones, políticas e instituciones específicamente dedicadas a promover el desarrollo agrícola y rural para superar la pobreza y corregir la desigualdad histórica que sufren millones de personas en toda América Latina y el Caribe, señaló el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA).

En su Informe sobre el Desarrollo Rural 2016: Fomentar la Transformación Rural Inclusiva, el FIDA indica que el crecimiento económico no es suficiente para eliminar la pobreza en las zonas rurales de la región.

El presidente del Fondo, Kanayo F. Nwanze, explicó que dicho informe deja claro que invertir en desarrollo rural y agrícola significa invertir en el conjunto de la economía.

De acuerdo con el informe, entre 2002 y 2012, 12 países de la región, redujeron la pobreza rural en promedio 26%. México presentó una reducción de menos de 20%, mientras que Chile y Brasil, que encabezan estos procesos, disminuyeron esta situación en 56% y 42%, respectivamente.

No obstante, el fondo muestra que en 2012 en México, 63,6% de las zonas rurales eran pobres. Se encuentran en la misma condición el 31,1% de la población rural de Brasil, 27,9% de Chile, 42,8% de Colombia y 48% de Perú.

El Informe hace un llamado a la acción a los responsables políticos y los profesionales del desarrollo para ganar la guerra global contra la pobreza, y en él se analizan las experiencias de desarrollo rural en 60 países en desarrollo, 16 de ellos en América Latina y el Caribe.

De la región, Bolivia es el único caso en que la reducción de la pobreza ha progresado rápidamente a pesar de que la transformación de su economía en general y de su economía rural en particular han sido lentas. El ejemplo de Bolivia demuestra, según el informe, que políticas específicas adecuadas pueden reducir la pobreza en todo tipo de contexto social y económico.

De acuerdo con el informe, en los últimos decenios se han dado grandes pasos para superar la tradicional dicotomía urbano-rural:

  • La agricultura ya no es la única actividad económica en las zonas rurales, en las que cada vez más familias combinan actividades agrícolas y no agrícolas para ganarse la vida.
  • Las diferencias culturales entre las poblaciones rurales y urbanas, especialmente entre los jóvenes, se están diluyendo.
  • La brecha entre las zonas urbanas y rurales también se está difuminando, ya que comunidades rurales se transforman en ciudades medianas y más personas viven a caballo entre las zonas rurales y urbanas.

El FIDA hace notar ciertos cambios en el desarrollo agrícola y rural para la economía de los países latinoamericanos y caribeños.

Por un lado, el peso de la economía agrícola ha ido disminuyendo en la región debido a que los sectores de la manufactura y de los servicios han tomado un papel más amplio.

Por otro lado, a pesar de esta situación, el sector agroalimentario ha incrementado su productividad, lo cual se ha vuelto más significativo, más competitivo, más eficiente y muchas veces está más enfocado a atender las necesidades de los centros urbanos.

El informe concluye que las políticas y las inversiones tienen que integrar a las poblaciones rurales pobres y, a menudo, marginadas en la corriente principal de la economía, de manera que el desarrollo rural sea social, económica y ambientalmente sostenible.

En el caso de América Latina y el Caribe esto se aplica especialmente a los segmentos históricamente desatendidos de la población: mujeres y jóvenes rurales, pueblos indígenas y comunidades afrodescendientes.

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