Más allá de lo light, ahora la moda son los alicamentos

Cada vez hay más consumidores que piden alimentos específicos: los celíacos, los intolerantes a la lactosa o al gluten, los deportistas… A esto se une la guerra declarada a los hidratos, a los azúcares y a las grasas.

Por todo esto, lo simplemente light ya pasó de moda. Rápidamente fue desplazado por los alimentos sin (sin lactosa, sin gluten, sin azúcares añadidos, sin grasas…) y ahora, lo que arrasa, no es quitar, sino poner: productos con (proteínas extra, omega, vitaminas…).

Son productos saludables, que previenen que el cuerpo sufra alguna dolencia; son los llamados alimentos funcionales, que la consultora Nielsen, define como alicamentos, pues están entre el alimento y el medicamento. No curan enfermedades pero presumen de prevenirlas y velar por la salud humana.

De acuerdo con los investigadores, la mitad de los españoles pide más productos naturales en los supermercados, un 32% exige alimentos sin colorantes artificiales, otro 32% pide que sean bajos en grasa y otro tanto, que no tengan azúcar.

Un 28% más reclama sabores naturales, no artificiales. Además, un 46% dice estar dispuesto a pagar más dinero por productos sin alguno de estos ingredientes no deseados.

Estos datos facilitados por Nielsen revelan el potencial que tiene este mercado, que ya no es un nicho, sino que abarca a un segmento de la población muy grande.

El mercado trata de dar respuesta a esta demanda.

En los últimos años el número de negocios vegetarianos o veganos en España se ha duplicado, alcanzando los 800 el año pasado. Según datos de Lantern, el mercado veggie mueve 4 mil millones de dólares a nivel global y crece a un ritmo anual del 6 por ciento.

La consultora calcula que en 2020 su facturación habrá superado los 5 mil millones de dólares.

La asociación española de Distribuidores, Autoservicios y Supermercados (Asedas) también destaca como clara tendencia para este año la demanda de alimentos antialergénicos variados, con sabor y a buen precio.

Con lo light superado, las marcas buscan nuevas formas de crear nichos de mercado, diseñan marcas específicas. Al final la salud es una excusa, una palanca de reactivación del negocio, explican.

En España, esta moda arrancó en el 2009 con el lanzamiento de Actimel, uno de los alicamentos pioneros en el país. Los danacoles, actimeles y sucedáneos abarrotan las secciones de lácteos en los supermercados, mientras que el área bio es cada vez mayor y en la zona destinada a las galletas, pocas son las marcas que no han insertado la etiqueta “0% de azúcares añadidos” en sus paquetes. Las que no lo han hecho casi son unas proscritas en este universo saludable.

Por supuesto que cada fabricante entiende la salud desde un prisma distinto. Depende de cuál sea su negocio, el punto de partida será diferente, afirman los investigadores.

Como ejemplo, los investigadores mencionan el nuevo pan de molde de Bimbo, que como es un artículo procesado normalmente tiene azúcares y sal, así que el fabricante ha creado una “variante más natural”, le ha quitado conservantes y aditivos, lo que reduce su periodo de conservación, pero lo acerca más al pan natural.

Este sería un ejemplo de alicamento sin, como lo son las leches o los yogures sin lactosa. Los alicamentos no sólo los consumen los diabéticos y las personas con intolerancias o alergias, sino muchos otros consumidores “que se quieren cuidar”.

Otro ejemplo de ello es Dia Balance, una marca creada por Calidad Pascual y los laboratorios Esteve. Ofrece un conjunto de productos para diabéticos que se venden en las cadenas de supermercados: natillas, pasta, leche, galletas o palitos de pan.

Es un proyecto de salud específico, que va más allá de quitarle el gluten a una pizza. Antes estos productos eran caros y difíciles de encontrar, algunos no existían porque no era rentable fabricarlos. Que se generalicen ha hecho que sea rentable hacerlos en masa, los ha democratizado.

En el otro extremo estarían los alimentos con, los que dicen aportar un valor añadido: vitaminas, calcio extra, omega… Hace unos años las principales novedades ya pasaban por añadir ingredientes, como la fibra o el bífidus. Ahora éstos se han sofisticado, como en el caso de la marca Okami que tiene plancton añadido.

También se han colado los súper los productos para deportistas, ricos en proteínas y que hasta hace poco sólo se comercializaban en farmacias o lugares especializados.

Para los expertos, los alicamentos no han desplazado la corriente ecológica. Ésta plantea el producto desde otra perspectiva, que es la de la salud del planeta. En esta línea se enmarcarían los chícharos congelados de Findus, cultivados “en parcelas acotadas, sin pesticidas”.

Lo eco no ha pasado de moda, cada vez se vende más, lo que ocurre es que el consumidor y el mercado ya lo ha interiorizado y por eso se habla menos de ello.

También en el caso de los llamados «superalimentos» se trata de poner y no de restar. La quinoa y el kale son la versión moderna de las espinacas de Popeye. Según los expertos, en sólo un año el arándano ha pasado de consumirse en un 3% de los hogares españoles a hacerlo en un 10%. Otros productos con alzas similares son el aguacate o el brócoli.

Hasta el azúcar se ha adaptado a las exigencias del consumidor, galletas sin gluten y sin azúcares son un hito dentro de esta categoría, además de que dicen altas en fibra y ayudan a prevenir el colesterol.

Los expertos vaticinan cuál será la coletilla de la cadena light-eco/bio-sin-con: el cómo. El proceso de fabricación en sí mismo será -y ya es- otro motivo de elección de producto.

Los consumidores ya le exigen a las marcas que expliquen de dónde viene la materia prima con la que se ha fabricado el producto y cómo ha sido el proceso de elaboración.

Si las galletas, las leches o los yogures ya se han pasado al lado saludable, aún hay categorías de producto que, según los expertos, tienen que definir su posición, como son las mantequillas, los quesos o los embutidos.

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