La amarga disputa por el azúcar y fructosa entre México y los Estados Unidos

Los Gobiernos de México y de Estados Unidos alcanzaron el pasado lunes 5 de junio un acuerdo sobre el comercio de azúcar, evitando así una potencial guerra comercial entre

El acuerdo signado estableció que la cantidad de azúcar refinada que México podría enviar en su cupo anual bajaría a un 30 por ciento desde el actual que es del  53 por ciento. El restante 70 por ciento sería cruda.

Recientemente el gobierno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, había amagado con imponer aranceles de hasta 44 por ciento a las importaciones de azúcar originaria de México, si los gobiernos de ambas naciones no llegaban a un acuerdo.

Las autoridades mexicanas habían amenazado  que en caso de que el gobierno estadounidense hubiera impuesto cuotas compensatorias y antidumping a las importaciones de azúcar del país, se podría aplicar una política “espejo” que podía  imponer restricciones arancelarias y no arancelarias a la fructosa proveniente del país vecino y que es comercializada en el mercado nacional.

El comercio de fructosa entre México y Estados Unidos está completamente liberalizado de conformidad con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), mientras que el intercambio de azúcar entre los dos países se encuentra restringido por cupos por parte de las aduanas estadounidenses.

El origen del conflicto entre los dos países por el endulzante  no es nuevo, México a partir de la puesta en marcha TLCAN, había exportar a Estados Unidos sin problemas un millón 300 mil toneladas anuales en promedio sin ninguna afectación para ambas partes, derivado de una necesidad real de consumo del mercado estadounidense.

A partir de 2012 las exportaciones mexicanas al mercado estadounidense disminuyeron, de mil 870 millones de toneladas anuales a mil 11 millones de toneladas en 2016, según datos de Sagarpa.

Casi la totalidad de las exportaciones de azúcar que salen de México tiene como destino el  mercado estadounidense, por lo que a raíz del conflicto, que surgió en el 2014, cuando en enero alcanzaron su mayor nivel histórico de más de 175 millones de dólares, pasaron a un nivel de poco más de 39 millones de dólares en lo que va del 2017.

El origen del conflicto se empezó a gestarse a raíz de que dos compañías de la industria azucarera estadounidense pidieron  a las autoridades de su país en abril del 2014 que investigaran las importaciones de azúcar proveniente de México, debido a que consideraban que ésta estaba subsidiada por el gobierno mexicano, por lo que tenía un menor costo de producción. Los demandantes pidieron que Estados Unidos impusiera cuotas antidumping al azúcar mexicana. La azúcar no refinada tendría un arancel de 62.44 por ciento, y la refinada, de 44.88 por ciento, lo que haría prácticamente imposibles las exportaciones hacia aquel país.

Los gobiernos mexicanos y estadounidenses llegaron a un acuerdo en octubre de 2014  que implicaba el pasar del libre tránsito de azúcar a Estados Unidos, como se dispuso en el TLCAN, al establecimiento de restricciones a las exportaciones del edulcorante hacia el país del norte. La negociación  incluía precios mínimos, limitantes al producto refinado y acotaciones para ciertas épocas del año. El convenio obligó a que los productores mexicanos vendan a un mínimo de 0.2357 dólares la libra de azúcar refinada y a 0.2075 dólares el azúcar sin refinar, limitando los envíos de azúcar refinada a no más de 53 por ciento  del total de exportaciones en cada año, es decir, al menos 47por ciento debía ser azúcar en bruto, y el volumen se fija anualmente en función de las necesidades previstas de Estados Unidos; todo esto  significó una disminución de las exportaciones de ese producto al mercado del vecino del norte.

Los azucareros mexicanos, pidieron a las autoridades que la fructosa proveniente de Estados Unidos se le pusieran obstáculos para la entrada al país, pero sus reclamos hasta la fecha no han sido escuchados, ya que ese endulcorante no tiene ninguna restricción para su importación a México.

El conflicto azucarero se ha intensificado en los últimos meses entre los dos  países, debido también a que la industria de los melt house que convierten la azúcar granulada en liquida (que es usada en bebidas, heladas y productos horneados), está comprando más azúcar mexicana que tiene mejor precio y mayor calidad, desplazando a plantas refinadoras locales.

Los productores azucareros estadounidenses alegan que el factor primordial del dumping de la azúcar mexicana, se debe a los fuetes subsidios que tienen los productores del endulzante en el país, que le hace tener costos menores y que su producto compita deslealmente en el mercado norteamericano afectando a los productores norteamericanos.

El azúcar mexicana tiene mejor precio, que la producida en los Estados Unidos debido no tanto a que tenga mejores procesos productivos, sino que en el país azteca, los salarios son muy bajos y para nadie es un secreto que los jornaleros agrícolas dedicados al corte de la caña  tienen condiciones laborales casi de esclavos.

Las buenas cosechas de caña que se dieron en México  para el ciclo 2015/2016 redundara en una producción de casi 7 millones de toneladas de azúcar, en comparación con un promedio histórico de 5 millones y un consumo nacional a la baja de 4.3 millones. El excedente exportable se ubicará  en 2.7 millones de toneladas. El problema radica en que lo más probable es que solamente se puedan colocar  1.5 millones. Según estimaciones del USDA, la producción mundial será superior al consumo (en 11 millones de toneladas); con lo que los inventarios alcanzarán niveles históricamente altos.

La alta producción  que se ha dado en el presente año, tanto en la cosecha de caña cómo en la producción  de azúcar, está lejos de ser una buena noticia para los productores y la economía del país, esto debido a que los precios del endulzante al mayoreo en México se han reducido cerca de 30 por ciento y en los mercados internacionales 17 por ciento. No solamente son los precios los que inciden en un mal desarrollo de esta agroindustria, son también los altos costos que tienen los ingenios del país para producir el azúcar y su retraso tecnológico que redunda en ineficiencia productiva.

El consumo de azúcar de caña también ha bajado considerablemente, en México tanto para la industria, sobre todo en la refresquera, que sustituye el endulzante de caña por el jarabe de maíz de alta fructuosa. También en los hogares ha disminuido la demanda de azúcar por cuestiones de salud, sustituyéndola por endulzantes con menos o nulas calorías.

La industria azucarera de México es uno de los sectores más importantes del país, esta actividad económica constituye  una agroindustria que genera 930 mil empleos directos y aproximadamente 2.2 millones de empleos indirectos, y se considera una actividad importante no sólo por el alto impacto social que representa, sino por su importancia económica, con un estimado de producción de 27 millones de pesos anuales que representa el 0.4 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) nacional, el 11.6 por ciento del PIB primario y el 2.5 por ciento del PIB manufacturero, según cifras del   Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI). La agroindustria nacional de la caña de azúcar se desarrolla en 15 entidades federativas y 227 municipios.

Las autoridades mexicanas tendría que tener una política más enérgica en su negociaciones con Estados Unidos y tener una política espejo en lo que se refiere a la fructosa,  que entra al país sin ninguna restricción, afectando a los productores azucareros locales.  (EL FINANCIERO)

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