Alberto Cortés documenta “El maíz en tiempos de guerra”

El documental El maíz en tiempos de guerra, de Alberto Cortés (ya con una reconocida labor en el cine), muestra cómo cuatro familias indígenas de distintas regiones de México cuidan y defienden el maíz natural por tratarse de una tradición milenaria propia y ser su fuente alimentaria año con año.

“El filme parece que no implica una narrativa política, pero sí la abarca y de forma muy fuerte. Por eso surgió la frase para publicitar el largometraje que concreta: ‘Hacer milpa es un acto de resistencia profundamente político’. Además, está claro que si alguien ha evitado el maíz transgénico es toda esta resistencia indígena”, ensalza el director en entrevista con Proceso.

El largometraje, de una hora 28 minutos, comenzó a proyectarse el viernes 2 en la Cineteca Nacional, la Casa del Cine, Film Club Café y Cine Morelos. Ése mismo día se estrenó en la plataforma de internet filminlatino.mx e igual recorrerá la red de Faros de la Ciudad de México, lanzándose por TV UNAM y a través de proyecciones en los cines de la UNAM.

La cinta, apta para todo el público, descubre a una familia wixárika (huichola) en el norte de Jalisco; otra ayuujk (mixe) en Oaxaca, y dos más tzeltales de la selva de Chiapas. Platican, desde sus milpas, la importancia de la siembra del maíz, cómo trabajan la tierra, los peligros que acechan a sus semillas naturales; la necesidad actual de conservar los territorios que dan continuidad a la milpa y la vida de millones de mexicanos indígenas y campesinos.

La milpa es cultura

Cortés estudió dirección y edición en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la Universidad Nacional Autónoma de México (CUEC-UNAM). Fue becario de la fundación Rockefeller McArthur para escribir el guion de Violeta (1997).

Su primer largometraje Amor a la vuelta de la esquina (1986), lo hizo merecedor del Ariel y la Diosa de Plata, ambos premios en la categoría a Mejor Ópera Prima, y el primer lugar en el Tercer Concurso de Cine Experimental. También realizó las ficciones Ciudad de ciegos (1990) y Corazón del tiempo (2009).

Además, es reconocido por sus cortometrajes Resistencia… somos gente del maíz (2007), Territorio Zapatista…nuestro futuro que viene después (2007) y Cerro el Huitepec…porque somos origen de acá. Cortés cuenta a Proceso que desde que creó la película de ficción Corazón del tiempo, el tema del maíz lo atrapó:

“También influyó toda la situación del maíz transgénico, la discusión que se ha dado y la resistencia y defensa. Había muchas películas que hablaban de eso, en contra el maíz transgénico, contra esta forma de transformar la agricultura; pero se abordaba poco de lo que podemos perder si dejamos entrar al maíz transgénico, porque no nada más es la semilla: ¡Es toda una cultura muy hermosa que tiene muchos temas y subtemas! El maíz te puede llevar a todo, al agua, al territorio, la lengua, las tradiciones, en fin, a tantas cosas…”

La palabra maíz, esclarece Cortés, no es de México. Los indios del caribe conocían al maíz, “de tal manera que cuando los españoles llegaron para ellos esa fue la palabra castellana; pero para Mesoamérica hay tantos nombres de maíz como lenguas y son muy bonitos todos. Esa enorme cultura es lo que nos interesaba resaltar”.

Amapola vs maizal

La conversación con el realizador es en su casa en la Ciudad de México, así como con Ana Solares, productora de El maíz en tiempos de guerra. Cortés aquí incluso es productor y editor. Al preguntarles cómo escogieron a las cuatro familias, relatan con entusiasmo que al principio se plantearon cuatro familias de los cuatro puntos cardinales.

“Llegamos a la comunidad wixárica, con Eutimio Díaz, un huichol que está resguardando unas tierras que se recuperaron del narco y él es un militante muy activo de todo esto de la defensa del maíz. Está en la Red en Defensa del Maíz, por ahí lo contactamos. Fuimos hasta su pueblo y después fui a su rancho, una zona dominada por el narco. A mí nunca me había tocado ver tantas armas. Adviertes policías y hombres armados; luego se nos pusieron por ahí unos sicarios. Es una cosa fuerte lo que se vive en la sierra wixárica.”

El huichol Díaz narra en el documental que cuidan y preservan la tierra:

“Al territorio le damos de comer para que nos dé de comer. Nosotros recuperamos una tierra porque vemos que está maltratada, mal cuidada. Nosotros al recuperarla estamos realizando proyectos que sean sustentables, para que tenga mucho pasto, haya agua, sin tanta contaminación.

“Donde hay problemas, vamos para resolver los asuntos. Nos ponemos de acuerdo cómo cuidarnos, cómo protegernos; porque no sólo hay que cuidarnos de la gente que tiene ganado, sino de la que a veces viene de otros estados a sembrar, por ejemplo, estupefacientes y todo eso. Por eso nos tenemos que cuidar entre todos, como zona recuperada y que no la vuelvan invadir otra vez. Aquí sembraban amapola… A algunos nos han amenazado por lo mismo que ya no aceptamos eso.”

Detallan Cortés y Solares, que deseaban reflejar a Oaxaca “por lo diferente de la cultura”. Chiapas “nos costó trabajo”, indican, porque fue una búsqueda de varios meses para encontrar a esas dos familias, “aquí queríamos ver otra manera de cultivar el maíz”.

A decir de Cortés, el título del filme refleja la situación del país:

“Está la guerra con el maíz transgénico, con el narco, en fin, que a lo mejor desde el lado urbano no lo percibimos, pero el campo está tremendo y cada lugar posee sus particularidades. Se me ocurrió El maíz en tiempos de guerra, y se lo dije a Solares y hablamos con Hermann Bellinghausen y Ramón Vera Herrera, quienes son colaboradores de toda la investigación y mucho del contenido de la película, y les gustó.

“Puede acercar a las personas, para reflexionar sobre las condiciones tan difíciles que vivimos en el país, y sobre las tantas agresiones que van por varios lados, que en el caso del maíz son muy claras.”

A brazo compartido

La cinta destaca el papel de la mujer en el campo y especialmente su compromiso con la cultura del maíz. Al respecto, Cortés puntualiza:

“Hay una intención muy clara de incluir a las mujeres porque siempre hay esta idea de que es una masculinidad eso del trabajo en la tierra, y no es cierto. Como bien lo dice uno de los personajes, una mujer: ‘Es un trabajo compartido’. Se ayudan las unas a los otros.”

En El maíz en tiempos de guerra, la joven Lucía Martínez, de la familia mixe, de Oaxaca, charla en su cocina, frente al comal:

“La mujer no sólo se queda en la casa, también va a trabajar al campo por igual que los hombres. Ambos se ayudan. En época de siembra las mujeres participan plantando el grano y en la limpia de la milpa. No pensemos que es un trabajo de hombres exclusivamente.”

Las cuatro familias coinciden en que “defender la semilla natural del maíz es defender nuestro territorio, y no queremos ver exterminar nuestro maíz si se utiliza el maíz transgénico”. Agregan: “No queremos que vengan a contaminar nuestra semilla, tenemos que defenderla”.

Subrayan que no le echan abono, fertilizante, ni químicos (“trabajamos con azadón, con machete, sólo eso”, explican). Lucía Martínez es tajante:

“Yo digo que las mujeres debemos tomar conciencia y que defendamos al maíz, el frijol, la milpa. Que les enseñemos la siembra a nuestros hijos. Que no prevalezca el maíz de afuera. Que hablemos con los jóvenes para que no acepten otros maíces.”

–El documental muestra que del maíz surgen infinidad de platillos, y los campesinos preservan la mazorca, con diferentes métodos, para contar con comida el año entero, ¿verdad?

–Hemos promovido muy mal el gran invento del maíz, porque lo hemos limitado a la tortilla y al taco, y ahí muere… Pero el maíz es mucho más que eso: Es el nixtamal, es toda su composición química-orgánica que es sumamente saludable; además es el pozol, los atoles y todas las formas de preparar este nixtamal que son muy, muy diversas y variadas.

Solares enaltece:

“El maíz les da para alimentarse todos los días. Entonces, la resistencia de los pueblos indígenas tiene que ver con eso, con cuidar el maíz, porque si no lo cuidan, ¿cómo perviven?”

El mixe Marcos Martínez acentúa ante la cámara del cineasta Cortés:

“El maíz nos da alegría y palabra. Si desapareciera ya no estaríamos aquí. Seguramente el hambre nos mataría. ¡Da gusto laborar y arar la tierra!”

Cortés y Solares coinciden que lo arduo era llegar con los personajes y que les abrieran sus puertas, “después de eso la propuesta era visitarlos periódicamente durante un año agrícola, cada mes por ahí teníamos una o dos filmaciones, es un documental que se hizo con los recursos necesarios”. Foprocine apoyó “y de ahí en adelante fluyó”. Participaron en la producción Bataclan Cine, El Barandal Post, Bambú Audiovisual y TV UNAM.

El director de fotografía es Marc Bellver. La música estuvo a cargo de Steven Brown y Julio García. El diseño sonoro lo realizaron Carlos Aguilar, Daniela López y Francisco Hernández. Al final del documental se lee:

“El maíz hace a los pueblos que hacen posible al maíz, y es fuente de vida en un mundo donde las fuentes de vida se agotan. En la guerra sin nombre que vive México, el gobierno, las corporaciones y el crimen organizado pretenden arrancar de sus territorios a los pueblos. En su conversación milenaria con el maíz, saben que hacer milpa es defender su semilla, su identidad y el destino de todos nosotros.” (Proceso)

 

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