La pesca industrial llega a más de la mitad del océano

Cada mes de septiembre, a mediados, miles y miles de pesqueros zarpan de los puertos de China. Llevaban varados desde junio, esperando el fin de la veda anual.

La mayoría no van muy lejos, los más pequeños se dedican a la pesca de bajura. Pero más de 10.000 barcos, los más grandes, se adentran en alta mar, donde se encuentran con otros 60.000 navíos de decenas de países, entre ellos unos 1.000 españoles. Son algunos de los datos de un estudio que ha cuantificado como ninguno hasta ahora las dimensiones y el alcance de la pesca comercial.

El trabajo, impulsado por la organización Global Fishing Watch (GFW), desvela que la flota pesquera industrial ha llegado al 55% de la superficie oceánica del planeta. Eso son, grosso modo, más de 200 millones de kilómetros cuadrados. En comparación, esa cifra supone cuadruplicar la extensión dedicada a pastos y agricultura.

Aunque la mayoría de los barcos faenan dentro de las 200 millas de la llamada zona económica exclusiva de sus países (ZEE), hay una veintena de naciones cuyos pescadores se aventuran por todos los océanos. Las cinco flotas con mayor presencia son, ordenadas por horas de pesca, las de China, España, Taiwan, Japón y Corea del Sur. Más lejos aparecen las flotas de Italia, Rusia o EE UU, estados con muchos barcos pero en las que pocos se alejan demasiado de su puerto.

Este trabajo, publicado en la revista Science, también ha calculado desde la distancia total recorrida por toda la flota pesquera (460 millones de kilómetros al año) hasta las horas dedicadas solo a pescar (37 millones anuales) pasando por la energía consumida por tanto barco (20.000 millones de kilovatios hora cada año). Toda esta información ha sido posible gracias una poderosa combinación de tecnologías que hacen que, esta vez, el método sea casi tan importante como los resultados de la investigación.

Desde 2005 la Organización Marítima Internacional obliga a los barcos de más de 300 toneladas de registro bruto y a todos los de pasajeros a llevar instalado el sistema de identificación automática (AIS, por sus siglas en inglés). Cada pocos segundos, un barco con AIS emite un mensaje con su identidad, posición, velocidad y rumbo, entre otros. Diseñado para evitar colisiones con los barcos de alrededor, los datos AIS, que son de acceso público, se han convertido en una herramienta poderosa para los gestores de la navegación o el sector pesquero y también para los científicos.

“Esta serie de datos proporciona una resolución tan elevada de la actividad pesquera que podemos incluso ver patrones culturales como, por ejemplo, cuándo los pescadores de cada región se toman tiempo libre”, afirma el investigador del proyecto Pristine Seas de National Geographic Society, el colombiano Juan Mayorga, que ha participado en la investigación. En efecto, pudieron comprobar que los pescadores occidentales reducían su actividad durante el fin de semana y, en especial, en el periodo navideño. Mientras, la flota china apenas para, salvo en las fechas cercanas al Año Nuevo chino.

El estudio, que se inicia en 2012, recopiló 22.000 millones de mensajes AIS. A tan ingente cantidad de información le aplicaron inteligencia artificial (redes neuronales convolucionales) para determinar las características del barco (eslora, tonelaje, motor), el arte de pesca (si lo hace con palangre, cerco o arrastre) e incluso si está faenando o en travesía. “Un arrastrero tiene un patrón de movimiento diferente del de un palangrero, con su típico desplazamiento en zigzag, echando o recogiendo los anzuelos”, explica Mayorga, científico también del Grupo de Pesca Sostenible de la Universidad de California en Santa Bárbara, EU.

Con tanta información, al algoritmo le resultó sencillo identificar las zonas donde se concentra la pesca comercial en alta mar. Los pescadores europeos pescan en especial en el nordeste del Atlántico, mientras que las flotas chinas, japonesa y rusa lo hacen en la parte occidental del norte del Pacífico. Las otras dos grandes concentraciones de pesqueros se producen frente a las costas del golfo de Guinea, en el Atlántico, y en las aguas del Pacífico central que miran a América, ambas con corrientes de aguas frías y ricos bancos de peces.

Los investigadores estudiaron si la actividad pesquera se veía afectaba por otras variables como las condiciones climáticas, los ciclos biológicos o la estacionalidad. Salvo un ligero impacto del precio del combustible, parece que la pesca comercial es independiente de los ciclos naturales. “El presente estudio muestra la pesca como un proceso industrial en el que los buques operan más bien como fábricas flotantes que tienen que funcionar de forma ininterrumpida para ganar dinero”, opina el biólogo de la Universidad Dalhousie (Canadá) y coautor del trabajo, Boris Worm.

Sin embargo, la investigación tiene varios puntos débiles, algunos reconocidos por los propios investigadores. Uno es cuantitativo: la muestra de 70.000 barcos palidece ante la cifra de los 1,2 millones de pesqueros con motor que, según la FAO, hay en los océanos y mares del planeta. Pero, la inmensa mayoría son pequeñas embarcaciones. De hecho, la muestra del estudio incluye al 75% de los barcos con una eslora mayor de 36 metros, que están obligados a llevar el AIS.

Otra debilidad es tecnológica: la cobertura de los satélites o la tenencia o no del AIS, hace que el trabajo obtenga sus mejores resultados en determinadas zonas y en alta mar. Pero mucha de la pesca se hace en la costa. “De hecho, el 85% del total de la pesca es costera y no está cubierta por GFW”, recuerda el profesor del Instituto para los Océanos y la Pesca de la Universidad de la Columbia Británica (Canadá), Daniel Pauly, que no ha participado en el estudio. Sin embargo, reconoce que “el trabajo muestra que la vigilancia por satélite de los océanos y la pesca es viable, lo que podría ayudar a reducir la pesca ilegal y mejorar la transparencia de la pesca en alta mar”.

Lo que tampoco pretendía esta investigación era determinar si tantos barcos pescando en tantos sitios tanto tiempo es sostenible o no. Eso lo dejan para otros estudios que quieran usar tanto la información como la tecnología que ellos han utilizado. Pero un dato invita a la reflexión: según la FAO, todo el pescado capturado apenas supone el 1,2% de la producción de calorías para consumo humano, aproximadamente unas 34 kcal por persona y día. (MIGUEL ÁNGEL CRIADO)

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