Azucareros se lanzan contra endulzantes artificiales y exigen que se avise de su contenido

Los productores mexicanos de azúcar de caña advirtieron que algunos productos que dicen ser libres de azúcar, en realidad pueden contener mucho más calorías y grasas saturadas, además de que pueden no llevar endulzante natural sino un sustituto, por lo que buscarán que el próximo gobierno emita una regulación al respecto.

“Estamos viendo reformulaciones en el mercado de productos que dicen ‘libre de azúcar’ , pero que tienen igual o más calorías que el producto con azúcar. A veces tienen hasta cuatro veces más grasas saturadas y llevan azúcares que no son el de caña, -que es el que producimos nosotros, la industria azucarera mexicana-, sino que llevan otros como el jarabe de maíz de alta fructuosa que está químicamente procesado y (los fabricantes) no lo denotan en la etiqueta”, dijo Humberto Jasso Torres, presidente ejecutivo de la CNIAA, en entrevista para Al Sonar la Campana.

Agregó que muchos de estos productos libre de azúcar también llevan edulcorantes artificiales que podrían ser perjudiciales para mujeres embarazadas y niños.

Señaló que la industria está preocupada por el ataque contra el azúcar y señaló que no sólo ésta es la causante de obesidad, también la ingesta de calorías y la falta de ejercicio que tienen las personas.

“Se daña nuestro sector (azucarero). Este año vemos una caída de 5 por ciento en el consumo de la azúcar de caña, pero estas reformulaciones nos están preocupando porque no están justificadas en términos de salud. No es engaño de la industria sino que por esta insistencia de tanto bombardeo de que la azúcar es mala, pues la industria reacciona a lo que el mercado quiere, a lo que el gobierno dice y a lo que dicen las organizaciones que están promoviendo esto y le echan menos azúcar y creemos que esto es injusto”, argumentó.

Señaló que en las etiquetas de los alimentos sólo se menciona ‘azúcares’, pero no se distingue entre la azúcar de caña y el jarabe de maíz de alta fructuosa, cuyas moléculas ya pasaron por un proceso químico y fueron transformadas.

“Está permitido (el jarabe de fructuosa), pero por lo menos que te avisen qué estás comiendo. El azúcar de caña lleva aquí en México 500 años, es lo que comieron nuestras abuelitas, nuestras tatarabuelas, y este jarabe se inventó en los 60”, detalló.

Señaló que la Cámara está trabajando con el gobierno actual para que se avise en las etiquetas de los alimentos qué tipo de endulzante se está utilizando: caña de azúcar o jarabe.

“Así se distingue en Estados Unidos y otros países y sí quisiéramos que los ataques no fueran contra el azúcar porque el corolario en la mente de la gente es ‘si quito el azúcar, entonces ya no engordé’ cuando en verdad te puedes estar comiendo algo con más azúcar, más grasa, más químicos artificiales”, informó.

Aunque reconoció que el azúcar contribuye a la obesidad, señaló que no es el único factor que causa la diabetes.

“Debería ser un lineamiento general de cuidar las calorías que comes, de hacer ejercicio y de distinguir qué te están dando a la hora de comer, no conforme a los lineamientos del gobierno actual, y eso es exactamente lo que pensamos formular y pedirle al gobierno entrante de Andrés Manuel López Obrador”, abundó.

La Alianza por la Salud Alimentaria es una de las organizaciones que han lanzado campañas para que exista un etiquetado de advertencia en bebidas y alimentos.

“Se ha demostrado que el desarrollo de etiquetados frontales en los productos que adviertan al consumidor si un producto tiene bajas, medias o altas concentraciones de azúcar, grasas y sal, ha sido muy eficiente para que las elecciones en el mercado se inclinen por las opciones más saludables”, indica la Alianza en su página oficial.

Esta organización también ha advertido sobre el consumo de refrescos y señala que un refresco de 600 mililitros, el tamaño más vendido en México, normalmente contiene más de 60 gramos de azúcar.

Una cucharada cafetera tiene cinco gramos de azúcar, lo que significa que se estarían bebiendo 12 cucharadas de azúcar o más con una botella.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) fijó un límite máximo de azúcar añadida a la dieta humana de 10 cucharadas para una persona adulta, y sólo 7.5 cucharadas para los niños.

En 2015, investigadores de la Universidad de Utah observaron el efecto del jarabe de maíz de alta fructuosa en ratones. Un grupo de estos roedores recibió una dieta con un 25 por ciento de las calorías provenientes del jarabe de maíz de alta fructuosa. El otro, en comparación, consumió sacarosa o azúcar regular.

Los ratones hembra que consumieron el primer endulzante tuvieron tasas de mortalidad 1.87 veces más altas que las de la dieta con sacarosa y produjeron un 26.4 por ciento menos de crías.

En un análisis realizado en 2016 por la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, se indica que el jarabe de maíz de alta fructuosa “no existe naturalmente en los alimentos, sino que es obtenido a partir de un proceso industrial: se realiza la hidrólisis completa del almidón de maíz para obtener jarabe de glucosa, luego, una parte de la glucosa es transformada en fructuosa libre por isomerización enzimática”, indica el documento. (EL FINANCIERO)

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