¿Comes de pie? Estos son los motivos para no hacerlo

Hemos visto en multitud de ocasiones las consecuencias que tiene sobre el organismo comer demasiado deprisa. Indigestión y malestar estomacal, el riesgo de atragantamiento o el aumento de peso son solo algunas de ellas. Por ello, recomiendan dedicar a cada comida como mínimo 20 minutos, masticar varias veces los alimentos o evitar hablar mientras se traga. Sin embargo, tras haber asimilado todos estos consejos, un nuevo peligro nos acecha. ¿Sabíais que comer de pie puede resultar nocivo para nuestra salud? Está claro que la postura que adoptamos influye notablemente en la forma en la que nuestro organismo asimila los nutrientes. Por ejemplo, numerosos expertos aseguran que comer acostado aumenta el riesgo de desarrollar la enfermedad por reflujo gastroesofágico. Entonces, ¿qué nos puede ocurrir al comer de pie?

El ritmo de vida al que estamos acostumbrados en el siglo XXI nos obliga muchas veces a comer de pie a toda velocidad. Un hábito que, al parecer, no beneficia demasiado a nuestra salud. Un estudio realizado en 2013 por la Universidad de Chester, en Reino Unido, determinó que aquellas personas que comían de pie eran más propensas a hacerlo más deprisa y masticando menos, lo que a su vez conlleva una mala digestión y menor sensación de saciedad. Esto es consecuencia directa de la ausencia de tranquilidad y sosiego que caracteriza a este tipo de situaciones, muchas veces imperceptibles para el individuo, y que sí forman parte de las comidas que realizamos sentados alrededor de una mesa.

Una teoría que también comparte la dietista-nutricionista Jessica Hierro, experta de Alimmenta, clínica de nutricionistas en Barcelona: “Comer de pie no es nocivo, pero no es una manera recomendable de comer. El momento de comer debe ser un momento relajado, de placer y en el que disfrutemos y nos sintamos cómodos. Cuando comemos de pie suele ser algo improvisado y rápido sin prestarle la atención suficiente. Queremos acabar pronto porque nos cansamos de estar de pie y eso hace que comamos rápido, lo que puede dificultar la digestión”, explica a Alimente.

Sin embargo, aunque pueda parecer un hecho aislado, este no es el único motivo para no comer de pie.

Por lo general, comer de pie provoca que los músculos no estén relajados. Esta tensión se traslada entonces al estómago, que puede generar dolores una vez finalizada la comida. El motivo es que el cerebro ordena llevar más cantidad de sangre a los músculos de las piernas, que son los que más están trabajando, por lo que el bombeo es inferior en los músculos que participan en la ingesta de alimentos, como el tracto intestinal.

Lo normal es que en este tipo de situaciones, el individuo escoja un tipo de comida muy concreta, como el tapeo o el fast food, que es mucho más calórica. Por lo tanto, esto también contribuye al riesgo de obesidad. Eso sí, hay estudios que aseguran que comer de pie gasta unas 50 calorías que, lamentablemente, luego se recuperan con un nuevo atracón ante la incapacidad de sentirnos saciados.

Algunos expertos relacionan también esta postura con una cuestión psicológica u hormonal. Si comemos de pie, no bloqueamos la circulación y la hormona del estrés, el cortisol, campa a sus anchas hasta llegar al cerebro, provocando que estemos en un estado de alerta constante.

Por otro lado, el mismo estudio desarrollado por la Universidad de Chester asegura que comer de pie podría disminuir la variabilidad glucémica tras la ingesta en las personas con diabetes.

Como hemos visto anteriormente, esta postura provoca que comamos más deprisa y mastiquemos menos los alimentos. Esto causa a su vez que traguemos más aire, el estómago se dilate y nos sintamos satisfechos antes de tiempo. El problema es que se trata de una falsa saciedad que después desaparece y nos empuja a comer de nuevo.

Entonces, ¿debemos o no comer de pie?

Aunque no es una cuestión de vida o muerte, está demostrado que comer de pie de manera asidua puede tener efectos perjudiciales en nuestro organismo. Uno de ellos, y que genera mucha controversia dentro de la comunidad experta, es la dispepsia. Esta afección se define como un conjunto de síntomas que se originan en el tractogastrointestinal superior sin una causa estructural o enfermedad metabólica que pueda explicarlos. Suele ir acompañada de dolor, hinchazón, acidez, náuseas o incluso alteraciones de las contracciones y el vaciamiento gástrico.

“Existen varias circunstancias que pueden hacer que aumente la producción de gas en el intestino, entre los cuales están el tragar demasiado aire (aerofagia) por comer deprisa o asociado al estrés, dos circunstancias que se suelen dar cuando comemos de pie. Es por eso que este hábito está relacionado con la dispepsia y las molestias digestivas”, añade Hierro.

Entonces, ¿cuál es la postura correcta para comer? “Lo adecuado es comer sentado, eligiendo un lugar agradable y tranquilo. Debemos evitar distracciones como móviles o televisión para poder centrar nuestra atención en lo que estamos comiendo. Es importante comer despacio, masticar muy bien y saborear cada bocado a través del olor, sabor o la textura”, concluye la dietista-nutricionista. (RUBÉN MIGUELES. EL UNIVERSAL)

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