¿Cómo influye Instagram en algunas conductas alimentarias?

Hablar de cómo las redes sociales revolucionaron nuestra vida cotidiana es un tema que precisa análisis más específicos que el simple hecho de cómo nos comunicamos.

Por su complejidad, sabemos que una red social no cumple con las mismas funciones ni es percibida de la misma manera por los usuarios. Además, los perfiles sociodemográficos son específicos también al tipo de red social que se usa con mayor frecuencia. Los cómo y para qué influyen sin duda en la forma de interactuar en ellas. Así, una misma persona tiene diferentes usos de las redes sociales, muestra diferentes facetas según la red que esté usando.

Las redes constituyen de esta manera un espacio liminar entre nuestra identidad y lo que mostramos y los rastros que dejamos en la red. Por lo tanto, es muy claro pensar que diferentes aspectos de nuestra vida cotidiana están influenciados por las redes. En particular el uso de Instagram, que es uno de los desarrollos a partir del culto a lo visual y a la inmediatez, transformó la forma en la que los usuarios se relacionan con lo que comen.

Se sabe por estudios, por ejemplo, que los niños que se exponen a audiovisuales de comida, en función de si es comida sana o comida chatarra, reaccionan de manera diferente a estos estímulos, siendo la comida chatarra el alimento que se les antoja más después de verlo. Evidentemente la clasificación gruesa entre sano y chatarra acarrea su propia problemática en la definición.

Las fotos de comida en Instagram publicadas por influencers han desatado debates en torno a los trastornos de la conducta alimentaria. Más precisamente, la gente se pregunta cómo en la vida real las personas con talla cero y cuerpos delgados son capaces de comer toda la comida que fotografían constantemente y publican en redes sociales. Especialistas de la conducta alimentaria han observado que una de las nuevas manifestaciones de trastornos es subir fotos de lo que supuestamente se come, como una forma de demostración de logro de poder estar delgado comiendo esas cantidades de alimento. Esto podría crear mayor frustración a los adolescentes que las ven, pues podrían pensar que los influencers tienen un don para comer cantidades exageradas de comida y no subir de peso, cuando en realidad no consumen esa comida.

Se ha descrito que las personas con trastornos alimentarios no específicos se caracterizan, además, por ver imágenes de comida que las llenan visualmente para no tener que comer. En el caso de personas sin trastornos de la conducta, algunos primeros estudios tratan de evaluar cuáles son los estímulos que llevan a postear una foto de lo que se está comiendo y cuáles son los estímulos que se generan al observar fotos de comida. Estas investigaciones aún no son concluyentes, pues la exposición al estímulo así como el tipo de estímulo no son fáciles de clasificar. Por ejemplo, ver una foto de una hamburguesa no provoca los mismos estímulos que ver a un hombre o a una modelo comiéndola. Todas estas diferencias están ancladas en causalidades socio-culturales que deben determinarse con mayor fineza.

Dos aspectos íntimamente ligados, alimentación y cuerpo, encuentran en lo visual nuevas formas en las que las personas perciben realidades que no necesariamente corresponden a las interacciones sociales reales. La forma en la que los estímulos visuales de comida inciden en la conducta es aún un campo de investigación abierto. (LILIANA MARTÍNEZ LOMELÍ. EL ECONOMISTA)

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