Sargazo, el gran reto en el Caribe que requiere mucha más ciencia

El problema generado por el alga requiere de acciones de corto plazo para su control, así como investigación y monitoreo, señalan especialistas. No obstante, y aunque es un problema nuevo para investigadores de diversas instituciones y centros de investigación, se requieren más recursos para realizar estudios. Adicionalmente se visualiza una industria que se beneficie del alga, aunque requiere mayor certidumbre.

A inicios de año ya se anticipaba la llegada masiva de sargazo al Caribe Mexicano de acuerdo con pronósticos de Universidad de Florida, Estados Unidos, difundidos por la UNAM; también prevenían un impacto en el ecosistema y en la industria turística que ahora está en desarrollo. Aunque el alga se conoce desde hace siglos, es hasta inicios de esta década que se ha vuelto un problema no sólo para el turismo, sino además para los ecosistemas.

Las causas de su proliferación —exceso de nutrientes acumulados en las costas de Brasil— no disminuirán en el corto plazo por lo que científicos e investigadores se preguntan si habrá que habituarse a estos cambios en el ecosistema marino o se tomarán medidas basadas en el conocimiento, el cual aún es limitado.

El problema del sargazo en las costas del Caribe es un reto nuevo para la ciencia y para los gobiernos de la región y si bien se ha realizado investigación en los últimos años, se requiere más inversión y estudios para comprender mejor su distribución, proliferación y características. De esta forma se podrán tomar las medidas necesarias para contrarrestarlo, coinciden diversos investigadores de la UNAM, quienes conforman uno de los grupos científicos que más ha estudiado el fenómeno.

Por otra parte, académicos e iniciativa privada avizoran una industria que podría beneficiarse del alga, y aunque sus aplicaciones son vastas se requiere mayor información sobre su disponibilidad, sobre su normatividad legal y otros factores que puedan efectivamente generar negocios viables.

“Este es un problema actual en el que no tenemos experiencia”, señala Raúl Aguirre, del Instituto de Geografía de la UNAM. Recordó que si bien existen registros desde el siglo XV, su proliferación masiva es nueva. Las hipótesis de los investigadores apuntan a que el cambio en la temperatura del mar, procesos de evaporación (mayores a los de precipitación) y las descargas de contaminantes de origen humano, han propiciado el ambiente adecuado para su desarrollo.

De acuerdo con Martha García Sánchez —de la Unidad Académica Sistemas Arrecifales Puerto Morelos del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICML) de la UNAM—, se conoce poco sobre la fisiología del sargazo, así como de su tasa de crecimiento y otra información relevante para la predicción de su comportamiento.

“Realizamos investigación con pocos recursos, incluso de otros proyectos, para generar el conocimiento que nos permita conocer esas tasas de crecimiento bajo diferentes condiciones de  temperatura y nutrientes”. Los científicos del instituto también realizan un seguimiento del sargazo que llega a la playa de la región, cuantificando su biomasa para establecer si hay patrones estacionales en su llegada.

“El repunte del sargazo es un problema complejo que abarca muchos aspectos y necesita combinar acciones de corto plazo para su control, como la remoción en playas, con una serie de acciones de investigación y monitoreo para que la mitigación sea óptima, con una mejor respuesta y menor impacto en el medio ambiente”, señala Jorge Zavala, investigador del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la Universidad Nacional. Sin embargo, algunos de los sectores involucrados en el tema no tienen clara la importancia de la investigación para atajar el problema.

En 2018, expertos de la UNAM, a solicitud del gobierno federal, conformaron un comité científico como grupo de trabajo permanente para aportar conocimiento y soluciones de ciencia aplicada, enfocados a atacar al sargazo en las playas de Quintana Roo.

En un acto protocolario realizado en la Coordinación de la Investigación Científica, encabezado por el entonces titular de la Semarnat, Rafael Pacchiano Alamán, se definieron tres subcomités científicos para atender en el corto, mediano y largo plazos, el fenómeno natural.

“La respuesta de las instituciones de gobierno ha sido errática en años pasados”, dice el investigador. “Recientemente,  Pacchiano sólo vino a tomarse la foto y nada más. No se ha consolidado la coordinación de un esfuerzo incluyente ­para dar una respuesta efectiva”.

El especialista refiere que en otros países existe una institución que atiende aspectos oceánicos y se relaciona con las instituciones académicas: el Programa Copernicus en la Unión Europea y la agencia oceánica y atmosférica en Estados Unidos. No obstante, en México no hay una agencia oceanográfica nacional, lo que significa “un vacío muy grande”.

COSTOS. Los navegantes portugueses la llamaban sargaço, por su similitud a un tipo de uva que crece en el país  peninsular. El sargazo  es un género de macroalgas pardas flotantes, es decir, se encuentran en la columna de agua toda su vida lo que puede producir grandes masas que navegan a la deriva, llegando a formar agregaciones que se mueven de acuerdo con las corrientes oceánicas. Es un género de algas que crece rápidamente, logrando duplicar su peso en menos de 18 días bajo condiciones favorables; algunas especies tienen vesículas llenas de gas para mantenerse a flote y promover la fotosíntesis. Se considera que en las espesas masas de sargazo se propicia un ambiente favorable para albergar una gran cantidad de organismos marinos, muchos de los cuales todavía se desconocen.

Fue en 2011 cuando se generó el primer registro de un influjo masivo flotante de sargazo en aguas de todo el Caribe, compuesto por las especies Sargassum fluitans y S. natans, ambas reportadas con anterioridad en la zona pero en bajas cantidades y a intervalos irregulares.

En 2012, científicos registraron una marea de sargazo de dichas especies de grandes dimensiones proveniente de una porción del Atlántico entre Brasil y África. En 2014, se registró por primera vez la presencia de una marea de sargazo masiva o “marea marrón” en el Caribe Mexicano. Para 2015, el influjo alcanzó volúmenes de hasta diez toneladas por kilómetro de playa, lo cual sobrepasó por completo la capacidad de limpieza de las playas por parte de las comunidades locales, resultando en afecciones económicas para el turismo e impactos ambientales para los ecosistemas costeros.

Entre los costos económicos reportados, se estima que en 2018 se emplearon alrededor de 322 millones de pesos sólo en la limpieza de playas. Para este año, la Semarnat y la Secretaría de Gobernación (Segob) prevén una inversión de alrededor de 720 millones.

Recientemente, el gobernador de Quintana Roo, Carlos González, dijo que los trabajos de contención y limpieza de playas tendrá un costo de mil millones de pesos.

Según un informe de la Comisión Presidencial para la Atención al Arribo del Sargazo, dado a conocer por Milenio, durante 2019 la presencia de sargazo ocasionará la pérdida de hasta 30 por ciento del turismo en playas de la península de Yucatán, mientras que por primera vez se estimó que el daño económico generado en 2018 por el alga ascendió a más de 5 mil 286 millones de pesos.

DAÑO ECOLÓGICO. Aunque se estiman los costos económicos generados por el sargazo en los últimos años, tampoco se conoce a cabalidad los costos ecológicos que tiene. Rosa Eliza Rodríguez, también investigadora del ICML de la UNAM, señala que estudios realizados en 2018 registraron la muerte de al menos 72 especies animales, entre peces y crustáceos, incluyendo langosta que es de interés comercial, entre otros, debido al sargazo.

La científica enfatiza que se requieren más estudios de la calidad del agua para explicar estar mortandad, que estaría relacionada con la descomposición del alga, que genera sustancias tóxicas. “También necesitamos hacer estudios sobre las especies asociadas al sargazo, para lo cual debemos colectar más del que se encuentra en mar abierto, asimismo, estudiar si afecta a otro tipo de macrofauna, como las tortugas marinas”.

Brigitta Ine van Tussenbroek, también investigadora del instituto y quien alertó sobre la advertencia de la Universidad de Florida, explica que los sistemas ecológicos se encuentran bajo una “presión sin precedentes” debido al exceso de nutrientes generados por el sargazo. “Esto induce cambios en los ecosistemas y aunque todos tienen cierta resiliencia, no sabemos hasta dónde. Lo que hemos visto ya son cambios drásticos en praderas de pastos marinos y arrecifes”. A esto hay que agregar la erosión de las playas y la pérdida de la calidad del agua caribeña, cuyo impacto se desconoce.

La científica enfatizó que atender el problema del sargazo es un reto multidisciplinario y multisectorial, que requiere investigación y coordinación entre académicos de diversas áreas del conocimiento, los tres niveles de gobierno, la iniciativa privada y la sociedad civil.

INDUSTRIA PILOTO. Rosa Eliza Rodríguez también participa en un proyecto llamado Protocolo Puerto Morelos, cuyo objetivo es generar un uso y manejo del sargazo. En Quintana Roo, señala, ya existen industrias que utilizan el alga en diversas producciones piloto; sus aplicaciones van desde la obtención de compuestos para la industria alimenticia y farmacéutica, así como en su combinación con polímeros para la elaboración de platos vasos desechables. También se ha combinado con adobe para la construcción de casas, proyectos para la obtención de biocombustible e incluso existe ya una patente en proceso para hacer papel.

“Son proyectos piloto que se requieren escalar y saber cómo funcionarán en el empleo de grandes volúmenes de sargazo. Pero para ello se requieren además las normas adecuadas y la certeza jurídica para que los inversionistas sepan cuándo recuperarán  su inversión y de qué zonas obtendrán el alga. Se trata de un aspecto complicado que requerirá de estrategias que faciliten la obtención de permisos para su gestión”.

Para saber si estas industrias son viables hay que tener una buena contabilización del alga, para lo que también se requiere de investigación científica. En septiembre de 2015 se contabilizaron dos mil 500 metros cúbicos de sargazo por kilómetro de playa, refiere la científica. Ya en 2018, y con mayores datos, se juntaron aproximadamente 275 mil metros cúbicos en seis kilómetros de playa de Puerto Morelos.

“Si extrapolamos a los 17 kilómetros de todo el municipio, eran casi 800 mil metros cúbicos, equivalentes a trescientas albercas olímpicas de 50 metros por 25 metros de profundidad”.

HONGOS Y ENERGÍA. A inicios de año, investigadores del Centro de Investigación Científica de Yucatán (CICY) y del Colegio de Posgraduados presentaron el estudio “Los hongos comestibles, funcionales y medicinales: alternativa biotecnológica ante la problemática social, económica y ecológica del sargazo en el Caribe Mexicano”.

En el estudio, los especialistas comprobaron la factibilidad de utilizar estas algas como biomasa para hacer crecer los hongos, en vez de usar pajas de maíz o trigo, lo cual no sólo ayudaría a combatir el problema de su acumulación en las costas del Caribe mexicano, sino también propiciaría la producción de hongos comestibles en la región, puesto que si bien existe un consumo y mercado, se transporta desde otras regiones del país ya que no se produce en toda la península. Por si fuera poco, los residuos podrían aprovecharse para la regeneración de playa.

“La filosofía de este proyecto es producir alimentos sin destruir el medio ambiente. Se trata de convertir algo que se puede llamar maldición (sargazo) en bendición. De cómo la ciencia mexicana se responsabiliza de inmediato a una problemática que está latente y presenta posibles soluciones con resultados consolidados”, señaló en conferencia en enero Alfonso Larqué, investigador del CICY y coordinador de la sección de Agrociencias de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC).

Por otra parte, investigadores del Instituto Politécnico Nacional (IPN)  presentaron un proyecto para obtener energía mediante el alga, mediante un proceso de biodigestión, que podría electrificar a los mismos complejos turísticos, así como a zonas urbanas del litoral de Quintana Roo.

De acuerdo con la investigadora politécnica Norma Patricia Muñoz Sevilla, con los análisis de contenido químico realizado en el Laboratorio de Botánica Marina, del Centro Interdisciplinario de Investigaciones y Estudios sobre el Medio Ambiente y Desarrollo (CIIEMAD), así como estudios de la UNAM y otras universidades francesas y británicas, el sargazo tiene un importante potencial para ser utilizado en la generación de gas metano.

El procedimiento sería el uso de biodigestores, contenedores o tanques herméticamente cerrados que permiten la carga de residuos orgánicos, donde se descompone la materia orgánica de manera anaeróbica (sin aire), para obtener, recolectar y almacenar el biogás para su posterior aprovechamiento energético.

Estos dos ejemplos refieren la alta viabilidad para utilizar el sargazo de formas insospechadas, pero son a la vez el reflejo de que científicos y académicos ofrecen respuestas y opciones ante problemas tan palpables. De los presupuestos asignados por los gobiernos federal y local para contrarrestar el problema del sargazo no hay recursos dedicados estrictamente a la investigación que estas instituciones académicas pueden llevar a cabo. Sin el conocimiento e investigación suficiente podríamos habituarnos a presenciar el mismo espectáculo marrón año con año, sin saber a cabalidad su impacto más allá de la economía y el turismo, que no es nada despreciable. (ISAAC TORRES CRUZ. CRÓNICA)

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