El futuro de la comida

El ser humano ha estado en la Tierra casi 2 millones de años. Casi todo ese tiempo vivió de la caza y la recolección; sólo en los últimos 10,000 años ha cosechado su alimento y trabajado con ganado. Esas actividades marcaron el comienzo de lo que conocemos como civilización, cultura e historia en general. Las ciudades existen porque la gente fue capaz de quedarse en un sitio, cosechar sus alimentos y expandirse.

A lo largo de 10,000 años las cosas han cambiado. Como humanidad llegamos a cada rincón del planeta, y nos encontramos a través de gigantescas redes comerciales, que permiten que cualquier producto cultivado llegue al otro lado del mundo si es necesario, pero con eso han surgido problemas que hoy enfrentamos en una crisis climática sin precedentes.

Los avances tecnológicos parecen ser la respuesta a esta crisis. Hoy la humanidad hace lo imposible por darle alimento a 7,500 millones de personas y, aunque las prácticas agrícolas tienen limitaciones, hay nuevas propuestas como la impresión de alimentos en 3D, agricultura vertical y generación de carne in vitro, que pueden llevarnos a una estabilidad global.

Hace poco, la creación de alimentos animales creados artificialmente, como una hamburguesa de res cultivada por células satelitales de tejido muscular bovino, era ciencia ficción. Cuando se logró, cosechando cada fibra muscular de manera individual, el costo fue de 1 millón de euros. Pero para finales de la próxima década se estima que la carne creada en laboratorio será más barata, saludable y accesible que la de animal.

Empresas como Redefine Meat, de Israel, buscan cómo hacer viable la producción masiva de estos productos. La empresa considera que la industria de la carne es la más ineficaz del planeta, pues los 1,000 millones de animales para ganado —y en aumento— consumen más agua que todos los humanos del planeta, generan más de 10% de la contaminación ambiental, comen suficiente para alimentar a la humanidad entera y ocupan tanto espacio que han generado graves problemas ambientales. Con impresoras 3D, esta empresa usa grasa, agua y tres proteínas extraídas de plantas para crear una fibra carnosa con textura y sabor de carne.

Esa tendencia busca beneficiar al ambiente y es altamente redituable. Se estima que en 10 años esa industria genere 140,000 millones de dólares al año.

Hay quienes no sólo están creando carne sintética; buscan ofrecer alimentos personalizados para cada persona. Anrich3D usa registros médicos, big data e Internet de las Cosas para saber qué necesita cada persona y a partir de eso producir carne u otros alimentos con los nutrientes específicos. Su meta es que en unos años, cualquiera pueda tener un mix de componentes listos para generar el alimento que su dieta requiere.

Con un estimado de 10,000 millones de personas para el 2050, nuestra manera de cosechar alimentos es insostenible. No hay espacio ni agua para producir alimentos para tantas personas, pero a través de la agricultura vertical puede que tengamos la capacidad de —finalmente— erradicar el hambre en el mundo. Este tipo de agricultura usa los últimos avances tecnológicos, inteligencia artificial, machine learning y más, para generar huertos urbanos verticales, que utilizan 99% menos agua que los huertos tradicionales y contienen muchos más nutrientes.

Este proceso permite multiplicar por 20 la producción con menos recursos, y a través de la automatización en poco tiempo puede que sea un negocio que necesite poca inversión para generar grandes ganancias.

Actualmente, un cuarto del territorio global se utiliza para mantener el ganado. Cuando éste se vuelva innecesario, reforestar será la opción prioritaria de un planeta que necesita bosques urgentemente para ayudar a detener el calentamiento global. La cuestión ética que ha sido parte del consumo de carne desde hace siglos quizá llegaría a su fin, la hambruna disminuiría gracias a los bajos costos para producir alimentos, que serían creados in situ y no transportados desde miles de kilómetros, perdiendo nutrientes y generando emisiones de carbono innecesarias.

Los discursos fatalistas siempre llaman la atención, pero a través del correcto uso de la tecnología, el futuro es más verde de lo que imaginamos. Nos encontramos en tiempos fascinantes, donde es cuestión de tomar las decisiones adecuadas, invertir en los proyectos correctos y dejar que esa pequeña bola de nieve que salga de ahí, ruede hasta convertirse en una avalancha que traiga cambios inimaginables en este momento, pero que finalmente nos demuestre que el mundo con el que soñamos sí existe y está al alcance de nuestra mano. (JAVIER LÓPEZ CASARÍN. EL ECONOMISTA)

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