Hongos y bacterias en un mismo cultivo generarían potenciales antibióticos

Al frente de este trabajo está Paola Andrea Martínez Buitrago, magíster en Ciencias Química de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien como parte del grupo de investigación Estudio y Aprovechamiento de Productos Naturales Marinos y Frutas de Colombia se ha centrado en el trabajo con microorganismos marinos. Ello debido a que se ha encontrado que al estar expuestos a diferentes condiciones de presión y temperatura que los terrestres, estos desarrollarían rutas metabólicas interesantes para obtener compuestos que puedan ser de interés médico.

En este grupo de investigación y a en todo el mundo suele trabajarse con microorganismos obtenidos de las superficies de algas y corales, pero lo común es estudiarlas en cultivos de un solo microorganismo. Sin embargo, en los últimos años se ha encontrado que cuando crecen en compañía tienden a producir diferentes compuestos, como respuesta a la interacción que pueden presentar.

De estos indicios partió la motivación de la investigadora Buitrago para adelantar por primera vez en el país un estudio de este tipo en el que se cultivaran parejas de microorganismos marinos para la inducción de productos naturales con actividades biológicas como la capacidad antibiótica.

“Típicamente, cuando los microrganismos interactúan en parejas o en grupos grandes tienden a producir antibióticos para defenderse. Las moléculas obtenidas podrían ser potenciales antibióticos, entonces la siguiente fase de este trabajo es evaluar la actividad de todos estos compuestos nuevos”, comenta la magíster, quien añade que estos podrían pensarse a futuro para combatir enfermedades en humanos o plagas en cultivos.

El primer paso dentro del estudio fue elegir los microorganismos con los que se harían los cocultivos, qué parejas se deberían establecer y bajo qué condiciones se estudiarían. De esta manera, se seleccionaron 15 microorganismos a partir del cepario del grupo de investigación, que contiene más de 200 microorganismos, un set conformado por 14 bacterias y un hongo.

La selección se estableció a partir de la revisión de artículos sobre estudios de cocultivos similares, entre los que se identificaron criterios comunes, como el conocimiento previo de los microorganismos, y el criterio ecológico o de parejas formadas por microorganismos recuperados de la misma muestra biológica, ya que si podían coexistir de esta manera era una buena señal para tratar de replicar esta interacción en el laboratorio.

Con los microorganismos elegidos se realizaron ensayos en medio líquido y sólido y se eligieron las parejas más prometedoras, con las que se realizaron cultivos a mayor escala para obtener una cantidad superior para aislar los compuestos que producían.

“Se encontraron tres cocultivos bastante interesantes, porque producían compuestos que no se generaban en monocultivo y varios de ellos no se habían reportado antes en la literatura, lo cual era uno de nuestros principales objetivos”, señala la investigadora Buitrago.

Además encontró que en la pareja conformada por el hongo Purpureocillium sp. PNM-67 y la bacteria con ácido micólico Rhodococcus sp. RKHC-26 se generaban alteraciones en el metabolismo del hongo, algo novedoso porque en estudios anteriores solo se había reportado la capacidad de la bacteria para inducir cambios en otras bacterias. (https://mundoagropecuario.com/)

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