Desperdicio de alimentos impacta en salud y medioambiente

Este 29 de septiembre se celebra el primer Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos. El objetivo es avanzar en poner fin a la malnutrición, erradicar el hambre y mejorar las dietas, tal como señalan los Objetivos de Desarrollo Sostenible, de acuerdo con los cuales, para 2030 se debe reducir a la mitad el desperdicio de alimentos en la venta al por menor y a nivel de los consumidores y reducir las pérdidas de alimentos en las cadenas de producción y suministro, incluidas las pérdidas poscosecha.

Desde 2014 el número de personas afectadas por el hambre (o en riesgo de padecerla) ha crecido lentamente y este año la pandemia por COVID-19 aumentó ese número por millones. Este contexto hace urgente que las sociedades tomen conciencia de los efectos que tienen los actuales sistemas de producción y consumo, ya que cada día se desperdician alrededor de 1,300 millones de toneladas de comida producida para el consumo humano.

La pérdida y desperdicio de alimentos también tiene un efecto negativo sobre los recursos naturales y el medioambiente, así que evitarlos ayuda a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, disminuir el gasto energético (38% del consumo total de energía en el sistema alimentario mundial se utiliza para producir alimentos que se pierden o se desperdician) y hacer un uso sustentable de la tierra, el agua y otros recursos naturales.

Se estima que a nivel mundial se pierde aproximadamente el 14% de los alimentos producidos entre la cosecha y la venta al por menor, siendo significativas las pérdidas poscosecha (particularmente durante el almacenamiento y por acción de las plagas de almacén). En México, por ejemplo, las pérdidas poscosecha pueden ser de hasta 40%, dependiendo de la región y el ciclo agrícola.

Las pérdidas poscosecha tienen un efecto muy grande en la seguridad alimentaria y la economía de las sociedades, sin embargo, pueden disminuirse con infraestructuras de almacenamiento más tecnificadas y, en el caso de los pequeños productores, con la implementación de tecnologías herméticas poscosecha o el uso de agentes protectores.

Desde el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT) se investigan y promueven prácticas poscosecha orientadas a disminuir las pérdidas durante ese proceso fundamental del ciclo productivo. Las bolsas plásticas herméticas y los silos metálicos herméticos, por ejemplo, han demostrado ser herramientas efectivas para disminuir las pérdidas independientemente de las condiciones de almacenamiento.

Como muestra de lo anterior, recientemente científicos del CIMMYT evaluaron distintas tecnologías de almacenamiento en 109 localidades de 15 estados del país. Las tecnologías herméticas poscosecha arrojaron los mejores resultados en la reducción de los daños por insectos y hongos, por lo que son una buena opción para los pequeños productores.

Cuando se pierden o se desperdician los alimentos, se desperdician también todos los recursos utilizados para producirlos, por eso es fundamental orientar la ciencia y los esfuerzos de las sociedades a resolver este y otros problemas apremiantes del campo, ya que desde él es posible construir mejores condiciones de vida para todos. (https://idp.cimmyt.org/)

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