La salud también crece en la milpa

“Que tu alimento sea tu medicina y tu medicina sea tu alimento”, reza un aforismo atribuido a Hipócrates, padre de la Medicina, el cual hace referencia a cómo los habitos alimenticios inciden en el estado de salud de los individuos. Esta máxima, además, viene muy bien en la época actual en que México atraviesa por dos problemas de salud asociados con la alimentación y la nutrición: la obesidad y la desnutrición.

Por tomar el caso de la infancia por ejemplo, actualmente las mayores cifras de desnutrición (manifestada como retraso en el crecimiento infantil) se concentran el sur del país —Chiapas (31%), Guerrero (24%), Oaxaca (21%) y Puebla (20%)—, mientras que los estados del norte y la costa atlántica concentran la mayor población infantil con sobrepeso —Nuevo León (15,5%), Sonora (13,5%), Yucatán (13,5%), Baja California Sur (13,2%) y Chihuahua (13,1%)—. También hay estados donde ambos fenómenos coexisten, como Chihuahua, Zacatecas, Tamaulipas y Yucatán (FAO,2020).

Ante esta situación es fundamental seguir impulsando la revalorización de la producción de alimentos sanos y nutritivos en el campo y la adopción amplia de dietas más variadas y saludables. La dieta de la milpa, por ejemplo, ofrece amplios beneficios tanto en el nivel de su producción en el campo, como en la salud de los consumidores. El reto, sin embargo, es preservar el sistema milpa, su biodiversidad y herencia de cultivo para garantizar la seguridad alimentaria y bienestar de las comunidades.

Lamentablemente, las milpas se han ido perdiendo con la urbanización y la migración. Con frecuencia, muchos pequeños productores que trabajan la milpa deciden dejar de hacerlo debido a que no la encuentran rentable. El desgaste de las tierras de cultivo y la consecuente baja productividad —que en ocasiones no cubren las necesidades de autoconsumo— son parte del desafío de la preservación de este sistema de policultivos que, potencialmente, puede brindarle a los mexicanos mejores dietas y mejor salud.

A través de la colaboración con diversas instituciones, el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT) ha impulsado e impulsa diversas iniciativas para rescatar y fortalecer el sistema milpa —entre ellas Buena Milpa en Guatemala y Milpa Sustentable en la Península de Yucatán, la cual fue reconocida por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) como ejemplo de sustentabilidad en favor del desarrollo de las comunidades indígenas—.

Actualmente el CIMMYT, la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural y otras organizaciones impulsan la producción sustentable de maíz. El plan estratégico de este esfuerzo conjunto tiene un componente sobre la biodiversidad de la milpa con el que se busca proteger al sistema milpa como patrimonio biocultural y preservar su biodiversidad y recursos genéticos —particularmente el maíz nativo que ha sufrido un importante proceso de erosión genética—.

De la milpa proceden alrededor de 60 productos distintos que varían de región en región. El maíz, el frijol, el chile y la calabaza son, en la mayoría de los casos, los cultivos comunes de este sistema milenario que brinda sus mayores beneficios en asociación. El maíz y el frijol, por ejemplo, no solo son cultivos que a nivel agronómico se complementan, sino que también en la mesa actúan mejor cuando son consumidos juntos.

El consumo del maíz y el frijol, por separado, no estimula la síntesis de proteínas como lo hacen de forma conjunta. Su consumo combinado da como resultado una ganancia adecuada de peso semejante a la de consumir una proteína de origen animal. Hay evidencia, además, de que esta combinación entre cereal y leguminosa disminuye el riesgo de diabetes. Por si fuera poco, cuando se agrega chile (en salsa o crudo), este favorece la asimilación de los aminoácidos del maíz y del frijol. (https://idp.cimmyt.org/)

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