Bayer rechaza que sus insecticidas estén acabando con las abejas

¿Se están extinguiendo las abejas? ¿Tiene la culpa de su preocupante desaparición la multinacional Bayer y sus insecticidas?

Buscando respuestas a estas preguntas me he ido directamente a Alemania, al gran centro de Bayer Crop Science dedicado a desarrollar esos productos químicos específicos para la agricultura que tanto se usan y tanto miedo nos dan. Tendré la oportunidad de viajar acompañado por dos de los científicos que más saben en Europa de estos insectos y de visitar en su compañía el Bee Care Center de Monheim, muy cerca de la ciudad de Düsseldorf.

Nos ha invitado la propia multinacional a un grupo de periodistas españoles apenas una semana después de que la Unión Europea haya prohibido el uso de dos de sus insecticidas tras relacionarlos directamente con la muerte masiva de abejas en el continente.

“Te van a comer el coco”, me advierten mis amigos ecologistas.

“Me van a dar información”, les respondo yo.

José Manuel Flores es un curioso apicultor. Tiene cientos de colmenas repartidas por media España pero su interés no es producir miel. Él es científico, uno de los pocos que han dedicado una prolífica carrera investigadora a estudiar a las abejas mediterráneas, en su caso desde el departamento de zoología de la Universidad de Córdoba.

Lo sabe todo sobre estos insectos que llevan más de 100 millones de años polinizando las flores de cuyos frutos se alimenta el planeta. Y tiene muy claro que las abejas no tienen un único problema, el impacto de los neonicotinoides, tres insecticidas que la Unión Europea acaba de prohibir por considerarlos “mata abejas”.

“El principal problema de las abejas es que los tienen todos”, reconoce con la preocupación de quien sabe de lo que habla. “Y que apenas sabemos nada de ellos”, remacha. Un conocimiento escaso y deslocalizado, pues la mayoría de las investigaciones de referencia se han hecho sobre cultivos centroeuropeos, nada que ver con nuestras trashumantes abejas ibéricas de brezales, tomillares, retamares y castañares.

El profesor Flores explicando su estudio en el centro de abejas de Bayer.

“Son ecosistemas muy complejos para los que es necesario acometer estudios transversales e interdisciplinares donde se analicen todas las variables posibles”, ratifica María Dolores Hernando, investigadora del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA). Una moderna visión holística, que es precisamente como se denomina el ambicioso proyecto científico en el que participa ella junto con Flores y donde están implicadas más de 10 universidades y centros públicos españoles de investigación.

Cada vez hay más abejas en España pero menos miel, aseguran estos investigadores. Los últimos tres años de sequía, altas temperaturas, enfermedades, contaminación, pesticidas y un sistema de subvenciones ganaderas que obliga a mantener un alto número de colmenas aunque sean poco productivas, tienen según ellos la culpa.

Preocupación global

María Dolores y Flores por las abejas ha sido durante años poco aplaudida. Apenas supone el 0,4 por ciento de la producción ganadera (pues la apicultura es una curiosa ganadería con animales escasamente domesticados, pero ganadería a fin de cuentas) y es una actividad complementaria, muchas veces poco más que un hobby.

Pero de la noche a la mañana todo el mundo está interesado en la apicultura y en esa miel cada día más consumida como alternativa al omnipresente azúcar. Sin duda tiene la culpa la potente campaña mediática promovida desde hace una década por asociaciones ecologistas como Greenpeace. Son ellos quienes han encendido todas las alarmassobre los problemas de supervivencia de este insecto.

Nada más natural que la imagen de una abeja libando el néctar de una hermosa flor, por ejemplo la de un manzano o un naranjo. Y nada más alarmante que por nuestra culpa esa maravillosa relación pueda desaparecer. Con una preocupación añadida. Si las abejas, que apenas viven un año, están tan mal por hacerlo en nuestros degradados entornos campestres, ¿cómo estaremos nosotros que habitamos en esos mismos lugares durante casi cien años?

Nos preocupan las abejas

Nos recibe en Monheim am Rhein el doctor Christian Maus, director del Bee Care Center y una eminencia en la investigación apífera. Entre este centro alemán y otro que la multinacional tiene en Estados Unidos trabajan unos 25 especialistas. Tienen ahora mismo en marcha 30 proyectos de investigación por todo el mundo, entre ellos el español, aunque la mayoría están centrados en lograr un método efectivo (insecticida o trampa) que logre acabar con la varroa, un ácaro parásito invasor que está diezmando a las abejas (afecta a más de la mitad de las colmenas) y contra el que de momento no hay solución.

Empieza Maus su presentación con una triple afirmación que no oculta el interés de Bayer por estos insectos: “Las abejas son importantes para nuestros clientes, nuestra salud y nuestras semillas”. Una gran escultura de abeja, con el famoso ácaro de la varroa enganchado a su espalda, que preside la sala de conferencias, parece confirmar sus palabras.

Biberones para las abejas

En el centro también tenemos la oportunidad de conocer a María Teresa Almansa, única investigadora colombiana del equipo, quien nos asegura el interés de la multinacional por la transparencia. “Queremos que la gente sepa todo lo que hacemos”.

Es ella quien nos acompaña a los laboratorios y, después de hacernos vestir con inmaculadas batas de color blanco, nos presenta a la doctora Nina Exeler, directora de la Unidad Experimental de Abejas en el Departamento de Ecotoxicología de la Bayer Crop Science. La joven doctora es experta en abejorros, otro grupo de grandes polinizadores de la naturaleza de los que tanto nos olvidamos pero que sufren igualmente los mismos problemas que las abejas. O incluso más, pues su biología es muy diferente.

Exeler nos muestra con orgullo las falsas colmenas de metacrilato donde experimenta en el laboratorio el efecto de diferentes sustancias químicas en abejas melíferas, pero también en abejas solitarias y abejorros. Sorprende ver con qué cuidado alimenta a las larvas una a una con una jeringuilla llena de sustancias azucaradas, a modo de biberones, o proporciona espacios que imitan los del campo para para que pongan en ellos sus huevos.

Falsos nidos de abejas solitarias para su estudio en el laboratorio.

Abejas contra ecologistas

Peter Trodtfeld tiene un curioso trabajo en el ultra tecnológico y muy vigilado centro alemán de Bayer Crop Science: es experto en abejas y apicultor. Como responsable de varias colmenas instaladas en los jardines del gran complejo de investigación alemán, su obligación, además de estudiarlas, consiste en cuidarlas.

Está tan familiarizado a ellas que nos las enseña como si fueran viejas amigas, en manga corta y sin la más mínima protección. Se ve que le conocen a él o que esas abejas de la Bayer huelen a un ecologista de lejos, pues lo cierto es que quien esto escribe se confió en exceso, acercándose imprudentemente a las colmenas. Un certero picotazo en la cabeza me sacó dolorosamente del error y a punto estuve por salir corriendo para escapar del enfadado enjambre. Curiosamente, la pomada con la que Peter trató de calmarme el hinchazón no era de Bayer.

¿Qué pasa con los neonicotinoides?

Nuestra visita a la Bayer tuvo ante todo la finalidad de conocer con detalle los resultados de la primera investigación que se ha hecho en España sobre el impacto en las abejas expuestas a girasoles nacidos de semillas tratadas con los neonicotinoides tiametoxam y clotianidina, los dos ahora prohibidos en Europa. Por eso nos acompañaban los doctores Flores y Hernando, promotores del estudio llevado a cabo por el Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA) y las Universidades de Córdoba y de Almería, y publicado recientemente en la revista científica Chemosphere.

Vale, al grano. ¿Qué han descubierto? Pues en resumen, no se han encontrado diferencias significativas entre colonias de abejas expuestas a girasoles tratados con neonicotinoides y aquellas no expuestas a estos tratamientos​.​ Aviso a los desconfiados: es un trabajo científico independiente pagado con dinero público y donde Bayer tan solo ha colaborado alquilando los terrenos de cultivo previamente seleccionados por los investigadores y becando a un par de operarios.

El objetivo del estudio de campo a gran escala, que se ha llevado a cabo durante el primer año (campaña 2015-2016 y con una duración de 3 años) en cuatro regiones españolas: Andalucía, Castilla-La Mancha, Extremadura y Madrid, era ampliar los conocimientos sobre la exposición de las abejas melíferas que pecorean girasoles nacidos de semillas tratadas con los neonicotinoides sistémicos tiametoxam (Syngenta) y clotianidina (Bayer). Un dato interesante es que estos insecticidas solo se ponen en las semillas, pues una vez crecen los girasoles ya no vuelven a recibir más tratamientos.

“Para evaluar los posibles efectos de los residuos de neonicotinoides, las parcelas de girasol se escogieron de modo que estuvieran lo más aisladas posible de otros cultivos en floración, de otras especies vegetales que pudieran atraer a las abejas y de los diversos grupos de tratamiento de cada réplica (una distancia de 2 km cuando fue posible), y al analizar la procedencia de la miel pudimos confirmar que  la exposición fue efectivamente a los cultivos de girasol. Las condiciones climatológicas calurosas y secas y la poca disponibilidad de otros recursos florales para las abejas durante el verano, que es cuando suelen florecer los girasoles, obligó a buscar un grado de aislamiento especialmente elevado”, ha explicado José Manuel Flores.

Estas condiciones y la retirada de las reservas alimentarias antes de instalar las colmenas en los campos experimentales en floración permitieron ensayar en este estudio las condiciones más desfavorables que garantizaran la máxima exposición de las abejas a los insecticidas, y aún así, los investigadores no han encontrado diferencias significativas en la evolución de las colmenas entre las parcelas testigo (sin tratar) y las tratadas con tiametoxam o clotianidina, en indicadores clave para la salud de las abejas melíferas, tales como la vitalidad de las colmenas (cantidad de abejas adultas por colmena), el desarrollo de la cría, las reservas de polen y miel, la presencia y situación de la reina, y el estado sanitario de las colmenas.

Los datos del estudio resaltan además la necesidad de tomar en consideración la vitalidad inicial de las colmenas y las condiciones medioambientales, dos factores fundamentales que han mostrado una clara incidencia sobre la viabilidad de las 72 colmenas evaluadas.

“En las condiciones del sur de España, es probable que deba hablarse de una «veranada» además de una invernada, como demuestra el hecho de que los mayores porcentajes de colonias despobladas aparecieran antes del invierno”, explican los expertos.

Con estos y otros datos semejantes, Bayer ha emitido un comunicado de prensa donde se muestra “convencida de que las restricciones [a sus insecticidas] no están justificadas, ya que los neonicotinoides son seguros cuando se usan de acuerdo con las instrucciones de la etiqueta”. Y califica la prohibición de “una mala noticia para Europa” pues, en su opinión, “reducirá aún más la capacidad de los agricultores europeos para hacer frente a plagas importantes, para muchas de las cuales no hay tratamientos alternativos disponibles”.

Los ecologistas celebran la prohibición

Exactamente lo contrario al comunicado de Bayer piensa Greenpeace, quien ha calificado la prohibición como una buena noticia que reconoce su trabajo. Más que una victoria ecologista, la ONG considera que “la mayor victoria es para las abejas, las demás especies, el planeta y las generaciones futuras”.

Para los ecologistas, otros estudios científicos evidencian el impacto de los neonicotinoides en las abejas. De hecho, la decisión europea se ha apoyado en el informe emitido por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), que después de analizar más de 1.500 estudios científicos confirmó que “en general” representan “un riesgo para las abejas silvestres y las melíferas”.

Y abogan por prohibir todos los plaguicidas dañinos para las abejas, romper con la dependencia de los plaguicidas químicos en la agricultura y trabajar en las verdaderas soluciones para los agricultores y agricultoras que provienen de la agroecología. (CÉSAR-JAVIER PALACIOS, MUNDO AGROPECUARIO)

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