A la producción ovina colombiana le falta tecnología

Algunos sistemas productivos son frágiles, no tienen control sanitario ni alimenticio, no hay ritmos reproductivos adecuados ni capacidad eficiente del uso de los animales, porque el productor no cuenta con suficientes recursos para invertir en el sistema.

A la producción ovina colombiana le falta tecnología: De esta manera define el panorama de este sector productivo el profesor Henry Grajales, de la Facultad de Medicina Veterinaria y de Zootecnia de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), luego de un estudio realizado en Boyacá, Cundinamarca y Santander, con productores de 66 granjas ovinas.

Los productores compartieron información acerca del manejo y desempeño productivo y reproductivo de su sistema, por medio de una encuesta estructurada y de carácter primario.

Según el profesor Grajales, los sistemas de producción de ovinos suelen estar ubicados en zonas menos favorecidas y son pocas las empresas enfocadas en trabajar esta especie. “De hecho esta modalidad de ganadería es más popular entre productores con recursos limitados”, agrega.

El docente encontró que en algunas granjas ovinas de estos departamentos se practican sistemas tradicionales de cría, con limitantes en el desarrollo tecnológico y la asistencia técnica en cuanto al manejo productivo y reproductivo del ganado.

“Para ser eficientes, los productores necesitan herramientas de gestión de bajo costo que incorporen criterios e índices de selección de animales para reemplazo, manejo del parto y conocimiento de las diferentes etapas del ciclo productivo”, comenta.

La población de ovinos en Colombia está constituida por 3,4 millones de cabezas de animales, que representan el 74 % de la población nacional de pequeños rumiantes. Las regiones centro y norte y los valles interandinos poseen el 8 % de la población total ovina.

Los sistemas de producción ganaderos de países como Colombia son altamente variados, ya que van desde sistemas extensivos de pastoreo manejados por productores de pequeña escala, hasta sistemas industriales con orientación comercial.

Aunque en Santander se han generado algunos desplazamientos de productores pequeños, este es uno de los departamentos mejor organizados con asociaciones de productores, lo que les permite trabajar en una interacción mucho más constructiva y colectiva, además de incorporar más la tecnología.

En el estudio, los productores fueron clasificados según su nivel tecnológico, a partir de encuestas en las que se indagó acerca de su producción como control de peso, método de esquila, castración, animales vendidos en el año y producción de lana, entre otras. También se preguntó sobre el periodo de mayor concentración de partos, verificación de la gestión, presentación de abortos y consumo de calostro.

La recopilación de la información tomó cuatro años y se desarrolló en el marco del programa de investigación “Desarrollo e implementación de un sistema de gestión tecnológica en la cadena ovino-caprina (Sigetec)”. Además de las encuestas, durante un año y medio se hizo un seguimiento al estado de los animales a partir de visitas mensuales.

En cuanto al manejo productivo, a partir de las encuestas se determinó que no se implementan protocolos de castración de machos y el método de esquila más utilizado en los sistemas es el manual. Además, entre los métodos de control de peso está el uso de báscula y el análisis visual.

En cuanto al manejo y control reproductivo, se halló que en los sistemas encuestados se implementan programas de monta natural que integran monta libre continua, que consiste en dejar a las hembras en libertad junto con el reproductor y en cualquier momento el macho puede montar varias veces, a diferencia de la monta controlada continua, que también se implementa en el país.

Para el profesor Grajales es clave que los productores entiendan que lo que hacen en la finca se refleja en el producto final, y si ellos logran que esa carne se reconozca por su calidad van a tener mayores ventajas.

“Desde la Universidad estamos promoviendo una gestión tecnológica para lograr procesos de innovación, tanto social –para que la gente aprenda a identificar sus problemas y a solucionarlos con base en sus capacidades– como productiva, para que aprenda a valorar lo que hace y la manera como se llevan esos productos al consumidor”, concluyó. (Mundo Agropecuario)

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