El guardián de nuestro ADN vegetal

En la planta baja del edificio del Departamento de Fitotecnia, de la Universidad Autónoma Chapingo (UACh), en dos cámaras frías, a -20 grados Celsius y 15 por ciento de humedad relativa, se encuentra resguardado el germoplasma de los recursos vegetales de México, que alcanza la cifra de 29 mil 855 colectas curatoriales.

Se trata del Banco Nacional de Germoplasma Vegetal (Bangev), creado el 22 de febrero de 1980, con la finalidad de preservar la diversidad genética vegetal —semillas ortodoxas— con que cuenta nuestro país, estimada en 30 mil especies, incluidas las plantas no vasculares, variedad que significa una de las grandes riquezas de México.

Actualmente ese espacio, considerado el más antiguo en su tipo, resguarda ex situ semillas ortodoxas pertenecientes a 138 familias, 268 géneros, 395 especies y 455 variantes infraespecíficas (v. gr. razas).

Asimismo, las colecciones que también son utilizadas con fines científicos incluyen reservas in situ, ubicadas en los jardines etnobotánicos de la UACh, entre los que destaca el establecido en el Centro Regional Universitario de la Península de Yucatán (CRUPY), entre otras áreas, incluidos algunos agroecosistemas tradicionales en los que se conservan mil 623 colecciones de 55 familias, 84 géneros, 115 especies y 213 variantes infraespecíficas.

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Además de germoplasma de un amplio número de cultivares, se conservan accesiones correspondientes a los ancestros silvestres de estos, así como de otros taxones silvestres que podrían tener importancia para la humanidad.

La Agencia Informativa Conacyt entrevistó en exclusiva al doctor Jesús Axayacatl Cuevas Sánchez, curador del Banco Nacional de Germoplasma Vegetal, quien explicó a qué procesos deben someterse las semillas para poder resguardarse de manera efectiva, evitar que estas mueran y que a la larga se extingan variedades vegetales.

El primer paso que se dio fue recolectar las muestras de germoplasma, tarea a cargo de investigadores de la UACh, en colaboración con diversas instituciones académicas y científicas distribuidas a lo largo y ancho de todo el territorio nacional, asimismo, con el apoyo de instituciones gubernamentales y la sociedad civil —pueblos indígenas.

“Para que las semillas puedan ser útiles a la sociedad en el corto, mediano y largo plazo, deben recolectarse y acondicionarse de manera correcta. El primer aspecto importante es verificar que se trate de semillas maduras y viables, posteriormente deben ser acondicionadas —deshidratadas con menos de cinco por ciento de humedad— y finalmente conservarse dentro de los llamados cuartos fríos”.

De acuerdo con el investigador, existen doce pasos intermedios que van desde determinar su peso inicial y su humedad inicial, hasta su empacado al vacío antes de meterse al cuarto frío, ello porque mantener controladas las condiciones de humedad y temperatura de los cuartos fríos es fundamental para que las semillas puedan ser resguardadas a largo plazo —más de un siglo.

De acuerdo con el doctor Jesús Axayacatl Cuevas, un banco de germoplasma no debe convertirse en una especie de bodega inútil de semillas. En ese contexto, entre sus actividades más importantes se encuentran las tareas de investigación realizadas por parte de los alumnos e investigadores de la UACh; asimismo, por el personal científico de otras instituciones con las que se trabaja en colaboración, entre las que destaca la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y el Centro de Investigación Científica de Yucatán (CICY), así como con campesinos de seis comunidades indígenas (mazahuas, nahuas, totonacas, mayas, mixtecos y zoques).

“Preservar los recursos vegetales de México, es decir, conservar las plantas como recursos, no solo debe involucrar el mantenimiento de la viabilidad de su germoplasma, además, es imprescindible entender y promover los aspectos culturales vinculados a su manejo y aprovechamiento por los grupos humanos que los utilizan, proceso en el que la etnobotánica constituye una de las ramas de la ciencia más importante”.

Como ejemplo de la investigación que del Bangev se ha derivado, el doctor mencionó que a partir del estudio y la caracterización de las semillas (cariópsides) de teocintle —ancestros silvestres del maíz—, se determinó que podían utilizarse para producir tortillas de alto valor nutricional —32 por ciento más proteínas—, esto es, más del triple de las contenidas en el maíz, incluidos los híbridos comerciales de la faja maicera de Estados Unidos.

Ese trabajo, dijo, es resultado de una de las líneas prioritarias de investigación del Bangev, que radica en el estudio de las especies vegetales silvestres que actualmente no están siendo aprovechadas por el humano.

“Actualmente tenemos estudios de once especies silvestres del género Jatropha, que pueden ser usadas para la producción de aceites utilizados para elaborar biodiesel de alta calidad, y de frijoles silvestres con cualidades genéticas que podrían mejorar el rendimiento de frijoles domesticados —de consumo humano—, solo por mencionar algunos. Hasta la fecha, con las especies conservadas en el Bangev, han podido efectuarse 548 tesis de licenciatura, maestría y doctorado”.

CONTACTO

Dr. Jesús A. Cuevas Sánchez

cuevasax@correo.chapingo.mx

(01 595) 952 1614

(ARMANDO BONILLA. AGENCIA INFORMATIVA CONACyT)

 

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