El desconocido potencial del rambután

El rambután es un fruto tropical originario del sureste asiático, cultivado en países como Indonesia, Malasia y Tailandia. Llegó a México e inició su producción en las décadas de los 50 y 60, tiene presencia en los estados del Occidente y Sur de México con clima favorable para su siembra como Veracruz, Nayarit, Tabasco, Oaxaca y, principalmente, la región del Soconusco en Chiapas.

Chiapas es el principal productor a nivel nacional y se estima que cuenta con una producción de más de tres mil 500 toneladas, incluyendo la cosecha en cultivos de traspatio y huertos comerciales no registrados, de acuerdo con el portal especializado InfoRural.

Actualmente, científicos del Departamento de Investigación en Alimentos (DIA), de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Autónoma de Coahuila (Uadec), estudian la composición y potenciales aplicaciones de la cáscara de rambután.

A pesar de que la presencia y producción de este fruto es cada vez mayor en el país, continúa siendo discreta. Pero entonces, ¿por qué estudiar el residuo agroindustrial de un fruto tropical que no tiene una producción a gran escala a nivel nacional y no es adecuado para sembrarse en la región noreste del país? Especialistas del DIA de la Uadec detallan la importancia de sus investigaciones, el potencial de este fruto, sus hallazgos y, principalmente, el motivo para estudiar un fruto tropical en una institución ubicada en el semidesierto coahuilense.

El rambután se cultiva primordialmente en algunos estados del sur del país, donde se concentra su producción. “Aquí en México, su cultivo se introdujo más o menos por ahí de 1950 y 1960, llegó principalmente a la región del sur de Chiapas que fue de las primeras zonas donde se empezó a introducir. Sin embargo, ya se produce también en Veracruz, Nayarit, entre otros estados. Originalmente su cultivo en México inició en Chiapas, en la región del Soconusco”, comentó el doctor Juan Alberto Ascacio Valdés, profesor investigador del Departamento de Investigación en Alimentos de la Facultad de Ciencias Químicas de la Uadec.

El rambután (Nephelium lappaceum) proviene del malayo rambut, que significa “cabello” o “pelo”, por su apariencia rojiza con espinas suaves que asemejan cabellos. “Alrededor de los años 50 se introdujeron en el estado de Chiapas y adaptaron esta planta a la región del Soconusco. Entonces, según los reportes, se empezaron a dar las primeras producciones de rambután en el estado de Chiapas en el rancho San Alberto, y desde ahí se comenzó a producir este fruto”, añadió el ingeniero en ciencia y tecnología de alimentos Cristian Hernández Hernández, colaborador del proyecto y estudiante de la maestría en ciencia y tecnología en alimentos de la Facultad de Ciencias Químicas de la Uadec.

El rambután tiene sabor dulce, pulpa jugosa, contenido de vitamina C y riboflavina. Se considera que, por su alto contenido de hidratos de carbono y proteínas, ayuda a aumentar la energía y a prevenir la hinchazón en el organismo, de acuerdo con la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader, antes Sagarpa). Sin embargo, a pesar de las propiedades de este fruto, los científicos de la Uadec están enfocados en su cáscara.

“El interés de trabajar con la cáscara es aprovechar un residuo que, si bien es una fruta que no se produce en gran parte del país, sí involucra una producción. Por lo tanto, hay un procesamiento del mismo y existen diferentes productos que se han generado como mermeladas”, señaló Ascacio Valdés.

No obstante, el aprovechamiento integral del fruto, incluyendo residuos como las cáscaras, no es la única razón para enfocarse en el rambután.

¿Por qué la cáscara?

Los científicos del DIA señalaron que la cáscara de rambután cuenta con una serie de propiedades benéficas que se podrían aprovechar para diferentes aplicaciones a través de la extracción de compuestos bioactivos.

“Principalmente el interés de trabajar con esto es aprovechar el residuo, así como los compuestos que contiene dicho residuo. Se genera un residuo que simplemente se desecha, nosotros queremos aprovecharlo, porque esta cáscara tiene, al menos, tres o cuatro compuestos que se ha reportado tienen importantes propiedades funcionales. Me refiero a propiedades anticancerígena, antimicrobiana, antioxidante, antiviral, entre otras”, detalló Ascacio Valdés.

Hace años, la extracción de estos compuestos benéficos de residuos industriales implicaba procesos de extracción altamente contaminantes. En el presente, los investigadores del DIA buscan emplear tecnologías emergentes más sustentables, que necesiten menor cantidad de solventes, lleven menor cantidad de tiempo y tengan mayor rendimiento.

“En el caso de aquí, en el DIA, es una tecnología híbrida, que es extracción asistida por ultrasonido y microondas. Esta tecnología trata de extraer los compuestos, en este caso de la cáscara de rambután, mediante ultrasonido que forman las cavidades, para extraerlos desde la célula vegetal en combinación con el microondas y así obtener estos compuestos de interés”, explicó Hernández Hernández.

Según el investigador, mediante esta tecnología híbrida sustentable se reduce el tiempo de extracción y la cantidad de solvente que se utiliza; puede ser una combinación de solvente como etanol-agua, a 50 por ciento cada uno, usar menor cantidad de solvente, incluso también puede emplearse únicamente agua como solvente.

Para realizar la extracción de compuestos benéficos, explicaron, es necesario que la materia prima —en este caso la cáscara—, esté seca hasta los 50 grados Celsius y someterla a un proceso de molienda. Posteriormente, se agrega el solvente para iniciar la extracción en reactor. Con las condiciones ya estandarizadas, se hacen las extracciones por ultrasonido y microondas en el cual, en este caso, tiene una lanceta que entra en contacto directo con la muestra y se puede medir temperatura, se introducen las ondas sónicas y de microondas, lo cual rompe las estructuras moleculares de las células y recupera los compuestos de interés.

Al tener los compuestos, se determina la cantidad de ciertas sustancias químicas llamadas polifenoles. Los polifenoles son sometidos a un proceso de purificación utilizando una especie de resina conocida como relleno cromatográfico, donde los compuestos o moléculas de interés se adhieren y se recuperan con solventes como gas o etanol. Al finalizar el proceso, se hace un análisis para identificar plenamente los compuestos o moléculas.

“La intención que tenemos es demostrar que los compuestos que están presentes en la cáscara tienen las propiedades biológicas que mencionamos. Pero otro de los intereses es lograr la purificación parcial o total de alguna de las moléculas de mayor interés en la cáscara. En particular, hay una molécula que la cáscara tiene en altas cantidades que se llama geranina. Tenemos un particular interés sobre esta molécula que se ha reportado tiene propiedades funcionales bastante interesantes”, enfatizó Ascacio Valdés.

Los resultados preliminares indican que se han identificado tres compuestos en la cáscara de rambután que son el ácido elágico, con una presencia de tres a cinco por ciento; corilagina, con tres a cinco por ciento también y, principalmente, la geranina, que se presenta en 80 a 90 por ciento. También destacó que no existen diferencias significativas entre la extracción de estos compuestos utilizando solventes, en comparación con la aplicación de agua, por lo que puede ejecutarse un proceso de purificación más sustentable utilizando agua.

Las moléculas o compuestos identificados tienen propiedades antioxidantes, antimicrobianas, anticancerígenas, antihiperglucémicas, y están realizando pruebas para corroborar las propiedades antiproliferativas, antivirales, entre otras más.

Además de las propiedades que los científicos están corroborando, el doctor Ascacio Valdés resaltó que la cáscara de rambután podría representar otra fuente importante de extracción de compuestos o moléculas de geranina para el país.

“El principal interés lo estamos apostando más hacia las moléculas o molécula que tratamos de aislar y demostrar su potencial, porque esta molécula (geranina) en literatura está reportada como una de las más bioactivas que existen. Además, en el mercado de las casas comerciales de reactivos, solo la venden dos o tres casas comerciales de origen chino, está poco disponible y es carísima. Aquí lo que estamos tratando de proponer es una fuente de obtención mexicana, utilizando tecnologías que nos permitan un mejor rendimiento y mayor cuidado con el medio ambiente, a través de tecnologías emergentes de extracción”, puntualizó.

Respecto al futuro de la investigación, los especialistas añadieron que, a corto plazo, se enfocarán en corroborar los beneficios que tienen estos compuestos bioactivos de la cáscara de rambután y, posteriormente, determinar las aplicaciones más adecuadas.

“La idea es, una vez demostrando todos estos beneficios que tiene, pensar en la formulación de un aditivo para alimento, un aditivo bioactivo, o incluso pensar en la formulación de un alimento funcional, alguna bebida funcional que contenga estas moléculas y que presente el efecto y evaluarlo, que no se quede solo en la parte teórica y pensarlo en algo más aplicado”, aclaró el científico Ascacio Valdés.

Hernández Hernández añadió que también podría contemplarse desarrollar infusiones con las propiedades benéficas de la cáscara de rambután. “Otra meta a seguir podría ser la microencapsulación de estos compuestos, ya sea purificar un compuesto en especial o todo el grupo de elagitaninos y encapsular estos compuestos para venderlos como fármacos, etcétera. También podrían ser ingredientes bioactivos en la industria alimentaria y cosmética”.

Para los científicos, a pesar de que la principal zona de producción de la materia prima está a cientos de kilómetros del DIA, es importante estudiar este tipo de alimentos para obtener productos de valor agregado en beneficio de la sociedad mexicana.

“Sabemos que México tiene una amplia gama de recursos naturales que quizás, por la zona, es complicado obtenerlos. Pero creo que vale la pena porque se obtienen compuestos de alto valor agregado que compensan el esfuerzo de recuperar los materiales vegetales, se compensa al momento de recuperarlos porque el potencial puede ser bastante importante”, destacó Ascacio Valdés. (FELIPE SÁNCHEZ BANDA. AGENCIA INFORMATIVA CONACyT)

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