MasAgro Guanajuato y su #RetoRastrojo promueven la eficiencia en el uso de fertilizantes

La fertilización es un componente muy importante de los sistemas intensivos de producción en el Bajío guanajuatense, sobre todo de maíz y trigo. Corresponde a entre 30 y 40% de los costos totales de producción de estos cultivos. Uno de los principales elementos utilizados es el nitrógeno (N), el cual tiene características físicas y químicas que lo hacen susceptible a una baja eficiencia en los sistemas de producción de granos, porque la inmovilización de nitrógeno —que es la etapa del ciclo biogeoquímico de este elemento en la que la descomposición de los rastrojos a través de microorganismos utiliza el nitrógeno como fuente de energía, reduciendo la disponibilidad para el cultivo— es proporcional a la relación carbono-nitrógeno (C/N) de los rastrojos.

Los productores saben que la inmovilización del N aumenta cuando hay rastrojos y ocasiona, según ellos, “el amarillamiento”. Efectivamente, este amarillamiento del cultivo es un hecho, pero se debe al método que utilizan para fertilizar: el voleo, en el que se aplica el fertilizante en la superficie y de manera imprecisa.

Por otro lado, en el Bajío existe un sistema de producción llamado híbrido, donde se siembra maíz en Agricultura de Conservación (AC) en el ciclo primavera-verano, pero se mueve el suelo (barbechos y rastreos) para sembrar el trigo en el ciclo otoño-inverno. Los productores tienen más de 20 años practicando este sistema de producción, y en MasAgro Guanajuato la propuesta es que la única manera de mejorar el sistema de producción es que la AC se practique en ambos ciclos. Una de las mayores limitantes técnicas para la adopción de la AC en el sistema maíz-trigo en el Bajío es la inmovilización del nitrógeno.

La inmovilización se incrementa de acuerdo con la relación C/N de los rastrojos; sin embargo, aunque esta sea muy parecida en el esquilmo de maíz y de trigo, la cantidad de estos elementos no lo es. Por ejemplo, el promedio de rendimiento de maíz, según la BEM en 2018, es de 11.95 t/ha, mientras que para trigo es de 6.8 t/ha; esto significa que en la superficie existen 14.34 y 9.4 t/ha de rastrojo, respectivamente. Sí hay inmovilización, pero es mayor con los rastrojos de maíz.

¿Cómo ha hecho el productor para solventar la ineficacia de los fertilizantes nitrogenados? La respuesta es muy simple: aplica más nitrógeno. Esta decisión tiene efectos en la rentabilidad y en el ambiente, como la emisión de óxido nitroso y la lixiviación de nitratos y nitritos a los mantos freáticos.

La técnica de aplicar fertilizantes nitrogenados es dejarlos en la superficie, para incorporarlos después con un riego. Para ello, la maquinaria que se utiliza es conocida como pulpos o conos, los cuales distribuyen de una forma rápida las principales fuentes de fertilizantes, que son urea o sulfato de amonio. Dicha técnica tiene una eficacia de aproximadamente 20%. La manera ideal para aplicar estos fertilizantes es incorporarlos al suelo, lo que incrementa su eficiencia hasta 60%.

Pero ¿cómo hacemos que esta técnica tenga rápida diseminación dentro de un sistema intensivo de producción? Actualmente, en el Bajío guanajuatense no existen máquinas que permitan depositar fertilizantes nitrogenados en el suelo en sistemas de AC. Por ello, a través de la vinculación con empresas locales de maquinaria, como Sembradoras del Bajío, Sembradoras Dobladenses y FAMAQ, se propuso la adaptación de máquinas que permitan trabajar en el rastrojo y que sean rápidas y precisas.

El lanzamiento de la primera máquina con esta visión se realizó el 15 de febrero en la plataforma de investigación Pénjamo, donde se presentaron las ventajas de esta maquinaria y las razones por las que puede incrementar la eficacia de fertilizantes nitrogenados. Sembradoras del Bajío es la primera empresa en colaborar para tener maquinarias de este tipo, aunque ya existe la posibilidad de que Sembradoras Dobladenses y FAMAQ lo hagan también.

Reto Rastrojo es una estrategia que resulta de la información generada en plataformas de investigación, módulos, áreas de extensión y áreas de impacto que proponen la AC como un pilar fundamental para hacer una Agricultura Sustentable, con énfasis en la producción de granos pequeños como trigo y cebada, donde se ha comprobado que se puede incrementar hasta 15% la producción de trigo y casi duplicar la utilidad. Pero no es la Agricultura de Conservación como una práctica aislada, sino la acumulación de diversas prácticas agronómicas que en conjunto logran este efecto. Entre las principales prácticas se encuentran hacer rayas profundas, de 15 a 25 cm; inocular la semilla o aplicar de forma temprana Trichoderma harzianum; usar densidades de siembra de 120 a 150 kg de trigo; dejar 100% de los rastrojos en la superficie o la mayor cantidad posible en caso de que se utilice para consumo animal; efectuar fertilización integral; y realizar Manejo Agroecológico de Plagas. (CIMMYT)

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