La hora cero en la crisis del agua

Un informe de la Conferencia Latinoamericana de Saneamiento (LATINOSAN), una instancia intergubernamental y con presencia de organismos internacionales, desnudó los detalles de un complicado escenario de abastecimiento y servicios de agua en América Latina y el Caribe.

Entre otros hallazgos, el informe, del que EL UNIVERSAL tiene copia, reveló quede los 651 millones de los habitantes de América Latina y el Caribe, hay 14.3 millones de personas, 2.2% de los pobladores, obligadas a excretar al aire libre. Hay 22.7 millones, o 3.5%, que lo hace de manera limitada, y 17.5 millones, o 2.7%, sin ningún tipo de mejoras. Los datos mostraron que 54.5 millones de latinoamericanos y caribeños están sometidos a sistemas limitados, sin mejoras o al aire libre para su defecación.

Unos 337.5 millones de latinoamericanos y caribeños, o 51.8% de la población de América Latina y el Caribe, tienen servicios de saneamiento donde los excrementos se eliminan de manera segura. El 39.8%, lo que corresponde a 259 millones, apenas tienen lo básico de esa cobertura. Aunque 72.9% de la población latinoamericana y caribeña, que equivale a unos 456 millones de personas, obtiene el servicio de agua de manera segura, persiste un 2.16%, que corresponden a 13.9 millones de seres humanos, que sufren dificultades severas de acceso y “se abastecen de pozos y manantiales no protegidos o de aguas superficiales sin tratamiento”.

No obstante, contrastó que 456 millones de habitantes, equivalentes a 72.9% de los habitantes, gozan de acceso al servicio de una manera segura (72.9%). La población más rica tiene 23% más de cobertura de agua potable con servicio básico, como mínimo, y 56% de mayor cobertura en servicios de saneamiento básico.

Del total de habitantes, 17.5 millones de latinoamericanos y caribeños sólo disponen de letrinas simples y hay un 4.9% con dificultades para acceder a instalaciones mejoradas de saneamiento, como inodoros o letrinas con ventilación o de losa; no obstante, la brecha de acceso entre el ámbito urbano y rural se redujo desde 2000 y pasó de 1.35 veces a 1.11.

“La brecha de acceso de saneamiento entre las áreas urbana y rural se ha reducido desde 2000, pues pasó de 100% a 24%, al comparar datos levantados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de la ONU para la Infancia (UNICEF)”, subrayó. El 70% de las aguas residuales de la región no son tratadas antes de volver a los ríos. Unos 456 millones de habitantes, equivalentes a 72.9% de los habitantes, gozan de acceso al servicio de una manera segura (72.9%).

En el área predomina el servicio de agua brindado por entidades públicas (49.5%), seguido por las privadas (26.7%) y la gestión comunitaria (22.8%). Unas 80 millones de personas son abastecidas por 80 mil organizaciones comunitarias de agua potable y saneamiento. La investigación alertó que los problemas en saneamiento son un reto para el medio ambiente, ya que se estima que alrededor de 70% de las aguas residuales de América Latina y el Caribe “se vierten en ríos, lagos y mares sin adecuado tratamiento”.

“Debido al alto costo de los alcantarillados sanitarios, en la región predominan las soluciones in situ. Por ello, es necesario promover la adecuada gestión de los lodos fecales de los hogares”, puntualizó.

De acuerdo con los datos recabados en el estudio, “los ríos, humedales y lagos son muy importantes para la biodiversidad y la economía; sin embargo, persiste su contaminación debido al vertido de aguas residuales sin tratamiento adecuado (…) En algunos países [latinoamericanos y caribeños] se reportó que 50% de los lagos y humedales reciben aguas residuales sin tratar”.

Otro factor que agudiza la crisis son las sequías en distintas naciones latinoamericanas y caribeñas. El gobierno de Costa Rica decretó el 23 de julio una emergencia por déficit hídrico en los municipios la noroccidental provincia de Guanacaste y en otros del norte, este, centro y oeste del país.

“En 2018-2019 llovió hasta 75% menos, provocando pérdidas en cultivos como café, hortalizas, frijol, arroz y caña”, y pesca y acuicultura con “muertes de animales y baja productividad en colmenas y ganado de leche y engorde”, precisó el gobierno costarricense. El fenómeno provocó “afectaciones en abastecimiento de agua para consumo humano” y 172 incendios forestales.

Un ejemplo del impacto de la sequía es Honduras. En 145 de los 298 municipios hay una prolongada sequía que atraen plagas que dañan a los bosques. La sequía provoca, cada año, afectaciones negativas a unas 170 mil familias de los 145 municipios y azota la desnutrición de la niñez.

La zona geográfica, el cambio climático, la mala distribución, la poca conciencia de las personas, la sobreexplotación y el desconocimiento del recurso son algunos de los factores que podrían provocar una crisis de agua en México, opinaron expertos consultados por EL UNIVERSAL.

Aunque los especialistas dudaron que algún día el país se quede sin una sola gota de este recurso, advirtieron que el panorama no es alentador y lo más probable es la llegada del Día Cero, es decir, cuando el acceso al agua comience a ser racionado.

“Es imposible que nos quedemos sin agua porque vamos a encontrar la manera de seguir produciéndola; sin embargo, eso generará conflictos socioambientales, habrá mayor competencia para acceder al agua y su costo aumentará, lo que podría dejar a muchas personas sin la posibilidad de pagar”, consideró Anaid Velasco, gerente de investigación del Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA).

Explicó que actualmente hay comunidades donde la disponibilidad del agua es limitada, un problema que podría extenderse al norte y centro del país si el gobierno, la sociedad civil y el sector privado no suman esfuerzos para preservar este líquido. “Geográficamente en el norte hay poca agua disponible, ahí se deben hacer muy eficientes en el uso del recurso. En el centro debemos entender que tenemos más agua con relación al norte, pero la estamos sobreexplotando y hay mucha contaminación. Mientras en el sur, en estados como Oaxaca, Chiapas, Guerrero y Tabasco, naturalmente hay bastante agua y poca infraestructura para que las localidades tengan acceso”, expresó Velasco.

Según las Estadísticas del Agua en México, de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), nuestro país está dividido en 13 regiones hidrológicas y en nueve, ubicadas donde se concentra la mayor parte de la población, hay menos disponibilidad del líquido. Además, la Conagua detalla que en México hay 653 acuíferos —espacios donde hay agua subterránea— y 105 están sobreexplotados.

Respecto a estas cifras, Ignacio Daniel González Mora, subdirector del Programa de Agua del Fondo Mundial por la Naturaleza (WWF), expresó que no hay un equilibrio entre la cantidad de líquido que consumimos y el producido por la naturaleza; esto podría provocar una alteración en los ciclos naturales y posible escasez en el futuro. “No estamos respetando los ciclos hidrológicos, no estamos siendo responsables con la manera como utilizamos el agua y como la devolvemos a la naturaleza. Todo esto va a repercutir en las fuentes naturales de agua”, aseveró.

A pesar de esto, González Mora hace un llamado para “quitarnos de la cabeza esa idea de que no hay agua” y comenzar a utilizarla de manera responsable.

“Si no lo hacemos va a cambiar nuestra forma de vivir. La primera consecuencia va a ser la migración de personas que se quedaron sin agua, eso ya está pasando en algunas regiones de Oaxaca donde no esperan a ver cómo mueren de sed”.

En este punto coincidió Mariana Zaret Nava, oficial senior de Reservas de Agua del WWF, quien agregó que en México utilizamos 53% de los recursos superficiales y 33% de las subterráneas. Asimismo, dijo que la escasez puede evitarse si los ciudadanos cambian sus hábitos: “Nos debemos ir por las soluciones básicas que tenemos en casa, no hay que desperdiciar el agua cuando nos bañamos o lavamos, por ejemplo, y hay que reservar agua para el medio ambiente y sus ciclos naturales”. Luis Ernesto Marín Stillman, miembro de la Academia Mexicana de Ciencias, criticó que “el tema del agua está olvidado” y acusó que no se impulsan políticas públicas para preservar el recurso. Añadió que las universidades y las asociaciones civiles deben asumir un rol importante en concientizar a la gente sobre las consecuencias de no cuidar el agua. (JOSÉ MELÉNDEZ, CORRESPONSAL / ALEXIS ORTIZ. EL UNIVERSAL)

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