Principales enfermedades y parasitosis que afectan el cultivo de la tilapia

La tilapia constituye la especie de mayor potencial para contribuir a generar las 500.000 toneladas de biomasa íctica que se estima requerirá el país para el año 2030.

La susceptibilidad de la tilapia a parásitos y enfermedades depende de varios factores, entre ellos: la genética, la calidad del agua y su carga orgánica en las unidades de producción, el estado nutricional de los peces, y especialmente, las condiciones de temperatura del agua, ya que temperaturas subóptimas aumentan su predisposición a enfermedades y parasitosis.

En los próximos artículos ofreceremos un resumen de las principales enfermedades y parasitosis que pueden afectar el cultivo de la tilapia.

Las bajas temperaturas inhiben la respuesta inmune y la capacidad de los peces para reaccionar a diferentes antígenos. La respuesta inmune de la tilapia se inhibe a una temperatura alrededor de 16 a 18°C, y aunque a estas condiciones también se reduce la actividad bacteriana, cuando se produce un aumento de la temperatura ambiental, las bacterias restauran más eficientemente el funcionamiento de su sistema inmunológico y recuperan su actividad más rápido que los peces.

La tilapia cultivada a temperaturas de 23 a 32°C es menos propensa a parasitosis y enfermedades, a menos que estén sometidas a agua de mala calidad, manejo nutricional y alimentario inadecuado y deficiente manejo.

Las tilapias generan resultados satisfactorios en un intervalo de pH 6 a 8, fuera de dicho rango podrían presentar dificultades. Aunque pueden sobrevivir a niveles altos de pH, no toleran las variaciones bruscas que ocurren durante lluvias intensas cuando los recipientes de cultivo no disponen de sistema de control de entrada de agua

Cuando están expuestas de forma crónica a bajo pH los síntomas se evidencian en las branquias produciendo una lesión aguda con disfunción respiratoria y muerte, además en ocasiones se visualizan daños sobre la piel, aletas y cornea, con efecto a largo plazo en la fisiología y bajo crecimiento de los peces sobrevivientes.

La exposición de los ejemplares a sobresaturación de gases atmosféricos (especialmente oxígeno) genera lesiones que se observan en el interior de los tejidos como pequeñas burbujas, especialmente bajo la piel, en los ojos o en las aletas. Dependiendo del nivel de sobresaturación puede producirse mortandad masiva debido a embolias producidas por las burbujas.

Las partículas de materias presentes en el agua de los recipientes de cultivo, pueden generar lesiones en las branquias produciendo serios trastornos respiratorios. La gravedad de la patología está directamente relacionada a la cantidad de partículas presentes y la naturaleza de las mismas. Las más dañinas son las partículas duras, angulosas o con punta fina, dichas partículas pueden incorporarse al agua de los estanques posterior a una lluvia o provenir del fondo del recipiente durante los trabajos rutinarios.

Los desechos del metabolismo de los peces (amoniaco y nitrito) pueden tener efecto toxico si se acumulan en niveles elevados, conduciendo a los ejemplares a la muerte o una patología branquial crónica. Dicha situación suele presentarse en los recipientes de cultivo cuya calidad del agua no sea controlada con elevadas densidades peces, así también en una sobre alimentación y poco recambio de agua.

Por otra parte, altos niveles de bióxido de carbono en el agua producen nefrocalcinosis, que es una deposición en el riñón de sales de calcio insolubles produciendo una extensa lesión renal y la consecuente disfunción renal.

Son innumerables los compuestos que pueden ser tóxicos a los peces y que son introducidos a los recipientes de cultivo desde el exterior. En general cuando se presentan esto, ocurre una mortandad aguda por acción directa o por la disminución del oxígeno disuelto que produce la toxina. Los síntomas que aparecen con más frecuencia son lesiones en branquias y piel, como así también fuertes lesiones hepáticas y en menor proporción en el riñón.

Las actividades rutinarias que se realizan en los recipientes de cultivo suelen ocasionar lesiones, en especial durante el manipuleo o recogida con redes que generan pérdidas de escamas, lesiones en la epidermis, con las consiguientes infecciones en zonas desprotegidas expuestas por la lesión.

Algunas lesiones pueden derivar en severas complicaciones, tales como ulceraciones profundas y fallos en el control osmoregulador del pez, por lo que es importante minimizar la manipulación y aplicar medidas profilácticas durante su manejo.

La baja calidad del alimento suministrado al pez está determinada por la escasa disponibilidad de nutrientes adecuado en la ración, formulación y procesado del producto, carencia de conocimiento y desconocimiento de sus necesidades nutricionales, así como el inapropiado almacenamiento del producto.

Los síntomas característicos que se presentan en la deficiente calidad del alimento están relacionados con la desnutrición.

Las patologías de origen infecciosas son las enfermedades que se producen por acción de patógenos (protozoos, hongos, gusanos, crustáceos, bacterias y virus) que se introducen en el cuerpo o tejido del pez y crean una infección o infestación.

Los patógenos y los parásitos también conviven en los sistemas de cultivo junto a los peces, por lo que se necesita solamente un leve desequilibrio del sistema para que comiencen a aparecer problemas de enfermedades y parasitosis, y dependerá de la especie o variedades a utilizar y de los factores ambientales y de manejo predominantes.

Por otra parte, en los cultivos intensivos se aumenta la posibilidad de contacto entre los peces, hecho que los predisponen a enfermedades. Una intensa alimentación aumentará la carga orgánica en los recipientes de cultivo y favorecerá la multiplicación de los patógenos, ya que el material orgánico es un excelente sustrato para el crecimiento y multiplicación masiva de bacterias y hongos, sirviendo además como alimento a gran número de parásitos. La disminución de oxígeno en el ambiente de cultivo, el aumento de sustancias de desecho metabólico de los propios peces (anhídrido carbónico, amoníaco, nitritos y otros) aumenta también los riesgos y disminuye la posibilidad de defensas de los peces.

Los microorganismos se clasifican por el modo de producir las enfermedades en dos categorías: específicos y no específicos.

El primer grupo generan siempre enfermedad cuando están en contacto con el huésped; mientras el segundo grupo, solo desencadenan la enfermedad cuando las condiciones les son propicias (deterioro de la calidad de agua o debilidad del pez).

Las enfermedades infecciosas más frecuentes en el cultivo de tilapias son producidas por virus, bacterias, hongos y parásitos (protozoarios y crustáceos principalmente).

En próximas entregas ofreceremos un resumen de las principales enfermedades provocadas por virus, bacterias, hongos y parásitos en las tilapias sometidas a cultivo. (https://mundoagropecuario.com/)

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