Inicia temporada de recolección de hongos

En La Piedra en las Lagunas de Zempoala promueven el ecoturismo con visitas guiadas.

En la zona conocida como La Piedra, en las lagunas de Zempoala, habitantes de San Juan Atzingo invitan a un grupo de personas a dar gracias a los cuatro puntos cardinales, lo que forma parte de la ceremonia previa a la colecta anual de hongos comestibles; éstos se ha convertido para la comunidades de la zona en una forma de vida.

La caminata recién inicia, entonces, quienes encabezan la recolecta advierten que es importante distinguir los colores, para evitar colocar en las canastas aquellos hongos que pueden ser dañinos. El grupo de personas, posteriormente, se interna, cuesta arriba, en el bosque plagado de oyameles, pinos y espesa vegetación.

Carlos, Catalina, Benita y Abel, vecinos de San Juan Atzingo, son quienes se han encargado de echar a andar un proyecto de visitas y recorridos guiados, lo que representa una actividad eco-turística a través de la se aprovechan los recursos naturales del área. Además, con ello se consigue que otras personas le den valor a la naturaleza de la región.

Los guías dan las recomendaciones correspondientes y reparten los canastos para depositar los hongos. Éstos, gracias a las primeras lluvias, ya han emergido de la tierra y de entre los oyameles enormes. Los encargados del proyecto también explican cuáles son las diferentes especies que van a encontrar, entre ellas: “la panza”, “panza loca”, “enchilado”, “madronio” “trompa”, “mazorca”, entre otros más; los nombres se los han dado los pobladores de la zona.

El recorrido incluye primero un viaje en camión de 10 minutos, luego una caminata de al menos 200 metros antes de llegar a los límites del bosque, ahí los guías dirigen, en su idioma, el tlahuica, un mensaje a la madre naturaleza, en sus cuatros puntos cardinales; además, queman copal de santo y, al mismo tiempo, dicen una oración, entonces, piden a sus acompañantes que se hinquen para agradecer la oportunidad de estar en el lugar y así solicitar permiso para recoger los frutos de la tierra.

Una vez concluido el ritual, se dividen los grupos y, entonces, comienza la caminata cuesta arriba, protegidos siempre por las copas de los enormes árboles.

Entre la maleza se distinguen los primeros “enchilados”, pero éstos no deben arrancarse de tajo sino que se deben cortar hasta la base; “es necesario dejar esa parte para que el otro año vuelva a crecer otro hongo”, explicó uno de los guías.

Al avanzar uno se encuentra con muchos de los que llaman “hongos locos”, los cuales no siempre se distinguen a primera vista, por eso es necesario consultar con Carlos, Catalina, Benita o Abel, pues ellos dicen “si el hongo se come o no”. Los guías, con un vistazo, autorizan a los visitantes recoger o no los hongos, ya sea uno o varios. Ellos, de generación en generación, han aprendido a recogerlos, saber cuáles son venenosos y a leer a la naturaleza y su entorno.

Poco a poco las canastas se llenan, en realidad los expertos guías saben dónde crecen; los visitantes preguntan cuándo distinguen uno entre la tierra negra, y la hojarasca seca, uno blanco, otro morado, rojo, y café.

La intensa sombra, la mañana fresca, el olor tan característico de la naturaleza, con tierra, hojas, y madera hace fácil el camino, entre bromas y comentarios, pero sobre todo los consejos de los guías, la subida al cerro no se siente. La emoción te gana invariablemente.

En el grupo hay adultos, niños y personas de la tercera edad; nadie siente el cansancio hasta después de casi tres horas, cuando se escucha el trueno en el cielo y los guías recomiendan regresar porque puede llover.

Cuando la gente se dirige al cerro a recoger hongos va desde temprano y baja hasta las 16:00 horas.

A lo largo del cerro se puede observar la marca de la tala clandestina, además de que en el trayecto se pueden notar las veredas por donde entran los camiones con árboles talados; por otro lado, en los senderos se pueden ver troncos a medias y huellas de llantas.

Carlos comentó que el problema de la tala no ha podido solucionarse, debido a la corrupción de las autoridades, de los tribunales y de las corporaciones; “todos cierran los ojos”, comentó.

El tiempo en el bosque de oyamel y pino, no se siente, pero ya es más allá del mediodía y la indicación es regresar. El viaje termina con el agradecimiento a los visitantes y con una comida que incluye una sopa de hongos, quesadillas y tlacoyos.

A pesar de que San Juan Atzingo es poblado ubicado en el Estado de México, los vecinos de dicha localidad exponen en el Mercado Verde y, además, con la Secretaría de Desarrollo Sustentable de Morelos han planeado las visitas guiadas, como una forma de sobrevivencia.

El inicio de la temporada del corte del hongo incluye también la Feria del Hongo en las Lagunas de Zempoala, que se celebra el 2 de septiembre.

El calendario de las actividades se puede consultar en Facebook como “Paseos al natural” o comunicándose a través de Whatsapp al número 777 179 3903. (ISRAEL MARIANO. EL SOL DE CUAUTLA)

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