La crisis del sargazo resultó fuente de trabajo para pescadores de Chiapas y Oaxaca

La vida entre sargazo en las playas de Cancún y la Riviera Maya ha desplomado la economía turística pero, en contraste, ha beneficiado de manera temporal a cientos de pescadores y campesinos, en especial provenientes de los estados de Chiapas y Oaxaca.

En el Caribe, se replica un modelo similar al de los migrantes mexicanos en Estados Unidos: hacen el trabajo despreciado por todos… Aquí, ellos son contratados para limpiar esta alga abundante, una labor exigente en el renglón físico y mal pagada, a la cual se niegan quienes durante años han vivido de la industria del turismo y servicios.

Fabián y Roberto aceptan contar su historia a Crónica. Son chiapanecos: el primero de Puerto Arista y el segundo de Boca del Cielo, dos pesquerías del municipio de Tonalá.

Llegaron hace dos semanas a Cancún, con un grupo de casi 40 pescadores, todos originarios de Chiapas. Los primeros días fueron concentrados en un taller de compostura de maquinaria, donde ayudaron con la organización de herramientas y fueron capacitados sobre su quehacer en la playa.

Firmaron un contrato de tres meses con la Secretaría de Ecología y Medio Ambiente (SEMA) del estado de Quintana Roo. En sus camisetas de trabajo tienen las siglas de la institución y el lema: “Limpieza de la zona costera”.

Ganan mil 600 pesos a la semana, sin días de descanso: 228 pesos por jornada de ocho horas: de 7 de la mañana a 3 de la tarde, a excepción de los domingos, cuando quedan libres al mediodía.

“Poca paga, pero es mejor a morirse de hambre allá en nuestra tierra, donde es la peor época de pesca”, dice Fabián, quien además pidió una oportunidad para su esposa.

—Ándele patrón, ella es muy buena en la cocina —le dijo al contratante, y aceptó: fue sumada como la cocinera del grupo, por una remuneración de mil pesos semanales.

“Tuvimos suerte, porque nos trajo la Secretaría; otros grupos que vienen de nuestro estado o de Oaxaca son traídos por particulares, la paga es peor y los explotan por más tiempo”, cuenta.

—¿Te convino entonces venir a recoger sargazo?

—Sí, porque el dinero es seguro y me traje a mi señora, lo doloroso son los chiquillos: tengo uno de 2 años y otro de cuatro meses. Ni modo, ¿qué le hace uno?

—¿Dónde se quedaron ellos?

—Allá en Chiapas, con una de mis hermanas; sé que los quiere, pero no es lo mismo. Todos los días hablamos para saber cómo están.

—Y allá, ¿qué pescabas?

—Principalmente camarón, pero ahorita no hay. Tienes que ir a buscar a mar abierto y es muy peligroso, porque no tenemos las mejores embarcaciones ni el equipo. Muchos compañeros se quedan allá, ya no regresan, nomás les van a tirar florecitas y Dios que los bendiga.

CRISIS. Los hoteleros y restauranteros reportan pérdidas millonarias, por miles de cancelaciones. Han recurrido ya a los despidos masivos o a los descansos solidarios. Carlos Sánchez, presidente de la Asociación de Empresarios Turísticos de Quintana Roo solicitó al gobierno federal y al Congreso declare emergencia en la zona, mientras la Cámara Nacional de Comercio local ha pedido incentivos fiscales y exención en el pago de impuestos.

Apenas hace unos días, en la Asamblea General de la ONU, el presidente Enrique Peña Nieto propuso encontrar soluciones conjuntas a nivel mundial para enfrentar la llegada atípica de sargazo.

PURA AGUA Y CIELO. Roberto al menos es soltero, sin responsabilidad de hijos. Habla con cierta nostalgia de Boca del Cielo. En Cancún, dice, el sol es más quemante, aunque el oleaje es menos turbulento. En los últimos años se ha especializado en la pesca de tiburón y pez dorado.

—¿Cómo los contactaron?

—Ya había un compa trabajando aquí desde antes. El patrón le dijo que necesitaba gente chingona, pa´ lo del alga, y nos recomendó.

—¿Sólo tres meses?

—El patrón ha dicho que a lo mejor se alarga el tiempo, porque el problema va a dilatar.

—¿Allá en su tierra no pueden ganar 200 pesos?

—Está duro… Sí los ganamos, pero cuando hay temporada chingona, pero es un tiempo nada más. Estos meses sacábamos muy poco o a veces nada. La última vez que fui a pescar llegamos a 200 kilómetros de la costa, sólo miras pura agua y cielo; si se te descompone el motor, allá te mueres.

—¿Cuándo es la temporada buena?

—Cuando empieza a correr el norte, por ahí de noviembre. Nos va mejor, porque comienza a salir la lisa.

Todos los días jalan toneladas de sargazo, las cuales transportan en carretillas y reúnen por montones a unos metros de la playa. Al final de la jornada, son recolectadas en tractores y camiones de carga.

“Esta alga es perrucha. Nosotros limpiamos y cuando vemos ya está igual, ahí viene de nuevo”, dice Fabián.

—¿A dónde la llevan?

—Unos la tiran en terrenos baldíos, pero la Secretaría tiene el proyecto de procesarla, como allá en Chiapas, que utilizamos el excremento de vaca como abono. Sabemos que, para la mayoría, el sargazo es malo, pero al menos a nosotros nos da para comer y mandarle unos centavos a los hijos… (DANIEL BLANCAS MADRIGAL. CRÓNICA)

 

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