INIFAP investiga en virus porcinos con métodos que pueden usarse en Covid-19

Durante muchos años el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) ha tenido logros importantes para atender problemas sanitarios referentes a enfermedades virales como Aujeszky, Fiebre Porcina Clásica (FPC), Diarrea Epidémica Porcina (DEP), Circovirus porcino, Enfermedad del Ojo Azul (EOA) entre otras. En la actualidad se trabaja en propuestas para desarrollar alternativas en el diagnóstico de la Peste Porcina Africana (PPA) enfermedad emergente altamente contagiosa y que representa un peligro inminente para México, que no tiene vacuna ni tratamiento.

De entrada, contar con tecnologías que ayuden a proteger la salud animal en México es relevante, ya que de acuerdo con asociaciones de porcicultores, la industria porcina tiene un valor de 62,000 millones de pesos y genera más de dos millones de empleos, 350,000 directos y 1.7 millones indirectos.

Pero estos procedimientos y trabajo de años ha permitido también generar experiencia para enfrentar problemas en humanos de manera mucho más rápida, recientemente la doctora Sandra Cuevas Romero, adscrita al Centro Nacional de Investigación en Salud Animal e Inocuidad del INIFAP, junto con su equipo, ingresó un proyecto al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt)  para desarrollar un sistema diagnóstico en pruebas de Elisa para la detección de anticuerpos contra Covid-19, basado en proteínas recombinantes. “Nosotros contamos con un laboratorio formado con las bases técnicas bien establecidas que permite ofrecer resultados a seis meses, en una prueba diagnóstica. Estamos en nivel competitivo y forma de aportar algo en la línea de salud humana”, aseguró.

Mediante la aplicación de herramientas biotecnológicas para vacunas de nueva generación y métodos de diagnóstico basados en PCR en tiempo real, los investigadores del INIFAP han permitido contrarrestar posibles daños para el sector.

Por ejemplo, desde 2005 generaron el desarrollo tecnológico de una vacuna recombinante, de nueva generación, para prevención de la EOA, y un producto recombinante para el desarrollo de sistemas diagnósticos, específicos para esta afección de los cerdos, la cual afecta la reproducción y puede provocar la mortalidad de lechones en más del 90%. Esta enfermedad “ocasiona considerables pérdidas económicas asociadas a la baja en la fertilidad, incremento en el porcentaje de lechones nacidos muertos (arriba del 19%), la presencia de momias (mayor al 36%), la disminución en el número total de lechones nacidos vivos (-4.1) y el incremento en la mortalidad de lechones durante las primeras semanas de vida que puede ser mayor a un 50 por ciento”.

Recientemente se está ingresando además un bioproceso de producción de proteínas recombinante a partir de proteínas virales, de bajo costo y factible de ser escalado a nivel semiindustrial. “Con esto tratamos de transferir la tecnología para el desarrollo de vacunas y/o sistemas diagnósticos a la industria farmacéutica. En precios podemos igualarnos a lo que hay en el mercado y la calidad es superior a lo que ahí se ofrece”.

Hoy también el Instituto trabaja en el manejo de diferentes Coronavirus que afectan animales en particular cerdos, lo que genera un área de oportunidad para poder apoyar en este problema de salud, pero ante esta emergencia sanitaria que vive el país, no se gestionó o se dio oportunidad para participar apoyando en esta y otras áreas.

La especialista asegura que resulta necesario fortalecer el área de salud animal de los institutos de investigación públicas, como el INIFAP, mediante recursos humanos e inversión, además de que debe existir un vínculo entre la parte de investigación de los desarrollos en los institutos y el sector privado. “Como investigadores, nos cuesta trabajo establecer estas estrategias o acompañamiento. Falta optimizar un sistema bien hecho de transferencia de tecnología, entre autoridades correspondientes. INIFAP tiene un departamento de transferencia de tecnología, pero hace falta fortalecerlo”.

Dijo que el nivel de desarrollo que se tiene en México es muy competitivo a nivel internacional en muchas áreas, pero la limitante siempre ha sido la parte económica, pues hay pocos apoyos y muy competidos. Como ejemplo, aquí el avance en una investigación puede llevar hasta dos años, principalmente por la disponibilidad y oportunidad de adquisición de recursos y materiales requeridos a diferencia de los países desarrollados como Suecia, donde solo toma días el poder adquirirlos permitiendo un avance en cuatro o seis meses. (https://www.eleconomista.com.mx/)

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