La nuez de la india es muy difícil de obtener, por eso es tan costosa

Conocidas como nuez de la India en México —y castañas de cajú, anacardo o marañón en el resto de Latinoamérica— estas semillas provienen de los anacardos, árboles endémicos de las selvas de Brasil que los conquistadores españoles llevaron a otras zonas.

Su profundo sabor y rica textura han convertido a la nuez de la India en una de las semillas más consumidas en el mundo. Además son altamente nutritivas, por lo que se usan mucho en dietas vegetarianas.

Pero si encuentras un árbol de anacardo (Anacardium occidentale) con frutos, no podrías comer directamente las semillas, ya que están recubiertas de una cáscara y aceite que puede resultar tóxico para los humanos. Pertenecen a un raro doble fruto que contiene la fruta fresca llamada anacardo y su castaña. La primera se usa para hacer jugos y fermentos, pero la más preciada es la que sobresale por debajo de esta.

Son árboles tropicales que requieren de zonas lluviosas y húmedas elevadas —arriba de los 1,000 msnm— por lo que su cultivo sucede principalmente en India, Vietnam, Tanzania, Brasil y otros países de América Central, el Sudeste de Asia y Centroamérica. En México hay pequeñas producciones en Campeche y Chiapas.

La producción de nuez de la india es lenta y requiere de mucha labor humana. La temporada de recolecta es entre diciembre y abril para el hemisferio norte y de junio a diciembre para el hemisferio sur. Primero se recolecta y se separa el fruto de la castaña manualmente. Después lo ponen a secar de 2 a 3 días para después cocerla al vapor. La dejan enfriar por 1 día más. Posteriormente rompen la cáscara con una prensa —de una en una para no dañar la nuez—, la hornean y al final le quitan la cutícula que la recubre; al momento de retirar la cáscara y cutícula la nuez libera ácidos pungentes que dañan la piel de los productores. El paso final es limpiar las imperfecciones que tenga.

Las condiciones de los productores del marañón son preocupantes. Ganan muy poco y sufren de quemaduras al manipularlas sin equipo adecuado. Un artículo de The Guardian, detalla cómo el aumento global de la demanda ha hecho que las condiciones de trabajo en la India sean dañinas. Los ácidos que se desprenden de la cutícula dañan las manos y ojos de quienes las manipulan y a cambio de esta labor perciben unos 5 euros al día. Esto en los principales países productores —Vietnam, Nigeria e India— para que el kilo se venda en el mercado a unos $8 dólares, según datos de Tridge. Posteriormente los gastos de transportación, importación y venta al por menor inflan su precio hasta alcanzar los $400 pesos.

Aunque tiene un alto costo en el mercado, los productores no se ven beneficiados de eso, por lo que siempre es bueno buscar las opciones que se rigen bajo comercio justo para asegurarte de no formar parte de esta cadena. (https://foodandwineespanol.com/)

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