Año Internacional de la Sanidad Vegetal

En el marco del Año Internacional de la Sanidad Vegetal 2020 decretado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) compartimos el siguiente escrito. Las pérdidas en la agricultura por plagas y enfermedades a nivel mundial ascienden a más de 220 mil millones de dólares anuales. La historia de la humanidad nos cuenta que las plagas de las plantas han causado pérdidas de alimentos desde los registros bíblicos (año 1500 a. C.), donde las royas fueron las causantes del hambre en el mundo. En México, los primeros reportes de enfermedades del trigo datan de los años 1691 y 1699, los cuales hacen referencia a la pérdida de trigo por la enfermedad conocida como chahuixtle, palabra de origen Náhuatl, conocida en la actualidad como roya

México celebra 120 años de la Sanidad Vegetal, en los que investigadores, técnicos de campo, personal oficial, y organizaciones con su aportación a la sanidad vegetal, han contribuido a la seguridad alimentaria del país. En esta celebración organizaciones gubernamentales y sociedades mexicanas científicas se han sumado organizando eventos sobre protección vegetal en todo el país. Además, organismos internacionales como el Organismo Internacional Regional de Sanidad Agropecuaria (OIRSA) han elaborado material audiovisual para dar a conocer la importancia de las plantas en nuestra vida.

México es un país líder en políticas para la protección de los cultivos agrícolas. Para asegurar la producción de alimentos, contamos con el Programa de Vigilancia Epidemiológica Fitosanitaria (PVEF) para detectar oportunamente la introducción de plagas cuarentenarias en cualquier parte del territorio mexicano. Los programas fitosanitarios de México también incluyen vigilancia en puertos, aeropuertos y fronteras y cuentan con canes entrenados para olfatear los azucares de frutas, semillas y productos vegetales y así localizarlos en las maletas. Estos programas han generado resultados exitosos para detener la introducción de enfermedades del exterior. En la actualidad la vigilancia activa se realiza para 37 plagas de mayor riesgo por su probabilidad de entrada, de establecimiento, de dispersión y la magnitud de consecuencias económicas. También están bajo vigilancia pasiva 54 plagas de importancia económica y/o cuarentenaria. Estas plagas de establecerse en México, pueden afectar cultivos como maíz, caña de azúcar, leguminosas, cítricos, frutales caducifolios, solanáceas, entre otros. Aun con los programas y políticas, muchas especies exóticas invasoras de plagas y patógenos se introducen a un país y se dispersan por fenómenos naturales como los huracanes o vientos fuertes, y por actividades humanas. Como turistas podemos contribuir evitando transportar frutas, flores y material vegetal. Como productores agrícolas o viveristas contribuiremos usando solo material certificado libre de plagas y patógenos y dando aviso al SENASICA ante cualquier síntoma o signo no antes visto en las plantas.

Las plantas son amenazadas por diversas plagas que las consumen, es por ello por lo que los gobiernos de los países desarrollan programas fitosanitarios para granos básicos, cultivos hortícolas, ornamentales, cultivos frutícolas, cultivos agroindustriales y especies forestales. Esto con la finalidad de evitar o retardar la introducción o dispersión de plagas cuarentenarias o reglamentadas, es decir, plagas y enfermedades de importancia económica.

Hemos señalado de manera reiterada de que sin ciencia, tecnología e innovación será prácticamente imposible mejorar los indicadores del sistema agroalimentario de México. El crecimiento de la población continúa y la disponibilidad de superficie cultivable está limitada dado que no se puede ampliar la frontera agrícola. Es urgente y necesario innovar él o los modelos de producción para cada uno de los 66 productos citados en el Atlas agroalimentario de México. Estamos lejos de la sustentabilidad en los rubros críticos de la alimentación de la población de nuestro país, un buen comienzo es financiar proyectos bandera con recursos suficientes para que se inicie una nueva forma de integrar el talento al sector que trabaje para la seguridad alimentaria de este país. De las cifras que se reportan se puede calcular y llegar a la conclusión de que cada mexicano dispone en la actualidad de únicamente 227 metros cuadrados de tierra laborable para producir sus alimentos, sin definir por supuesto si esa superficie cuenta con riego o es de temporal o si la propiedad es social o privada. Lo anterior aunado a la baja fertilidad, erosión, ensalitramiento y contaminación de los suelos, etc. Esta cifra sí que es preocupante y es una de las causas que responde en principio al por qué de la tremenda dependencia de alimentos de nuestro país y que he señalado en los artículos precedentes publicados en Crónica desde inicios de 2012 con el título “Todos contra el hambre”. Los resultados nos permiten despejar la capacidad agroalimentaria que tienen cada uno de los estados de la República y también ubicar a nuestro país en el contexto internacional en relación con la producción de cada uno de los sesenta y seis estudios de casos presentados. Se reporta por ejemplo que exportamos 31 productos vegetales: 11 son productos que tradicionalmente llamamos hortícolas, 13 frutales, 2 estimulantes (café y cacao) y otros como copra, nopal, azúcar, garbanzo, alfalfa y sorprendentemente una gramínea (sorgo forrajero). Importamos entre otros, amaranto, trigo, maíz forrajero y en grano, arroz, frijol, sorgo en grano, avena en grano, papa, soya, cártamo, frutales como manzanas, peras, naranjas y duraznos. Los volúmenes de importación que se anotan son realmente grandes y con certeza costosos.

Ante la insistente demanda de atender el impacto del cambio climático en el campo agrícola, surge la iniciativa de revisar no solo las formas de producción de alimentos sino también las plagas y enfermedades de importancia económica. Por años se ha señalado de manera reiterada que hay un calendario natural de producción agrícola que se ha practicado en nuestro país desde la Colonia que cumplió su papel por muchos años. Pero ahora ante el cambio climático debemos preguntarnos qué pasará con los calendarios agrícolas del país. (ALFONSO LARQUÉ SAAVEDRA. CRÓNICA.)

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