Avanza una especie exótica que amenaza al campo

El jabalí es una especie exótica introducida en el país en 1900 en la provincia de La Pampa, por lo que no es originaria de la Argentina ni del continente americano. Este animal fue inserto en la región junto con el ciervo colorado, por Pedro Luro, para la caza privada hasta llegar a un punto en el que no se pudo evitar la proliferación.

En los últimos años se convirtió en una amenaza latente para los productores agropecuarios por su característica invasora, ya que es capaz de generar importantes pérdidas económicas y daño ambiental.

En los últimos meses, productores agropecuarios de entre las ciudades de Lincoln y Vedia, en la provincia de Buenos Aires, registraron la presencia de este tipo de chanchos salvajes con imágenes que superan la realidad, de un animal de más de 270 kilos que quedó atascado en una cosechadora. De igual manera, según el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) y el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, actualmente se puede ver a estas especies desde Santiago del Estero hasta Río Negro.

“Una vez que ingresan al hábitat son bastantes complicados de controlar, afectan al medio ambiente y la diversidad porque provocan daños a las plantas, a los árboles y a los bosques araucanas. Generalmente, buscan dañar la estructura del suelo y muchas veces se comen los huevos de las aves que anidan en el suelo. Los yacarés y los ciervos de los pantanos están comprometidos con esta especie”, dijo Andrea Marcos, veterinaria de la Coordinación General de Epidemiología del Senasa.

Este animal exótico transmite enfermedades a las personas y a la ganadería, además, produce daños a las plantaciones en pie y estructuras de los establecimientos: bebederos, alambrados y los suelos. “Los parques nacionales están trabajando para aplicar un control, ya que afectan al crecimiento de los palmeros. Estos animales están desde la zona norte del país y han habido hallazgos en La Patagonia, en la Cordillera de los Andes, Bariloche y en Lanín, donde tienen bastantes problemas con ellos. En este momento no tienen depredadores naturales”, amplió.

A esta especie se la considera invasora porque prolifera de manera rápida en el territorio nacional. Según una encuesta difundida por expertos de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Facultad Nacional del Nordeste (UNNE), los cultivos más afectados por jabalíes son principalmente los cereales: maíz, sorgo, trigo, avena, cebada, centeno. En oleaginosas: soja y girasol.

El humano es uno de los depredadores naturales, ya que su carne es apta para el consumo, previa aprobación sanitaria y actualmente está en proceso de expansión en el país. “El consumo de jabalí transmite enfermedades a los humanos como la triquinosis. Es muy importante que antes de consumirla se analice en un laboratorio. Se tiene que hacer una prueba digestión artificial y ahí se comprueba que no tiene esa enfermedad. Lo más importante es que la carne esté analizada y sea apta para el consumo humano”, añadió.

Según la experta, si el jabalí se caza en una provincia, el comerciante tiene que avalar por la autoridad sanitaria competente de esa región el producto o la caza para poder comercializarlo en otra. Si bien, en la mayoría de las veces puede ser el Senasa el ente regulador, puede ocurrir que sea la entidad sanitaria provincial la encargada de otorgar los permisos correspondientes. “Tiene que estar avalado por el Senasa, si no está avalado por el tránsito federal tiene que estar avalado por el Senasa, de lo contrario no se puede comercializar”, aclaró y sostuvo que dentro de los productores hay un alto conocimiento del consumo y comercialización de esta especie.

De acuerdo con la información oficial, los jabalíes y cerdos cimarrones tienen importancia en la introducción y dispersión de la peste porcina africana y peste porcina clásica, son susceptibles a fiebre aftosa y están implicados en la diseminación de otras enfermedades prevalentes en nuestro país (Aujeszky, brucelosis, leptospirosis y triquinosis). Además son considerados una de las especies exóticas invasoras que más impactos negativos genera para la producción agrícola. También aclaran que las muestras analizadas hasta la fecha son negativas a peste porcina clásica, peste porcina africana, gastroenteritis transmisibles del cerdo, síndrome disgenésico y reproductivo porcino (siglas, PRRS) y fiebre aftosa.

Los datos del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable avalan las pérdidas económicas preliminares analizadas y asociadas a este animal, las cuales se calculan entre US$907.023.190 y US$1.380.488.228 anuales, un costo discriminado en daños, restauración de infraestructura, reducciones para la producción agrícola y costos de control de la proliferación de esta plaga.

Según los productores, en los últimos meses ha aumentado la aparición de jabalíes en las zonas rurales debido al aislamiento sanitario por el coronavirus, donde la caza fue una de las actividades que quedó paralizada por la pandemia. “Es un problema que viene in crescendo, a Bolívar se vienen del lado oeste o de La Pampa y vienen creciendo en la región; cada vez más estos animales hacen rodaje en las plantaciones, hacen camas para dormir”, dijo el productor agropecuario Eduardo González Carona.

“Nosotros usamos la siembra directa para mantener la cobertura del suelo, pero el chancho de monte escarba y hace pocitos por todos lados: hace cama en las plantaciones, aunque nunca han tirado un maíz entero todavía. Cuando no tenés cultivo de maíz, usan los bajos, juncos, lagunas o pastizales”, añadió.

El productor advierte que constantemente se alerta a las autoridades ambientales sobre la amenaza de este animal, que día a día avanza sobre la provincia de Buenos Aires, pero nadie toma las medidas adecuadas para controlar la población. “Tampoco son fáciles de cazar ni de controlar, porque se esconden muy bien, tienen su escondite. Solo se pueden cazar con perros que los olfatean. No hay armas de por medio y traspasan los alambrados”, aclaró.

Por un tema social de las nuevas generaciones, la caza tampoco ha sido lo suficientemente explotada. “Hay un fundamentalismo con esto, pero estos animales están haciendo daño y si se cazan se comen. No es que la gente los caza por diversión. Pero en los tiempos que vivimos hay una creencia popular de que todo lo que tenga que ver con la caza está mal visto”, sintetizó. (https://news.agrofy.com.ar/)

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