La falta de trazabilidad en las pesquerías permite el engaño a los consumidores de productos del mar

En una nueva investigación realizada por Oceana México titulada: “GatoxLiebre 2.0: qué pescado comes y te diré cómo te engañaron” demuestran que el engaño al consumidor de pescados en México es una constante debido a la falta de trazabilidad en las pesquerías, para dar seguimiento a los productos desde que salen del mar y hasta que llegan a nuestra mesa.

Para la realización de este estudio, se recolectaron e identificaron genéticamente 174 muestras de pescaderías y restaurantes en cuatro ciudades de la República Mexicana, de las cuales 57 muestras provenían de Tijuana y Ensenada (muestreo conjunto), 62 de Guadalajara y 55 de Mérida.

Se tomaron muestras de pescados vendidos con los siguientes 10 nombres comerciales: marlín, mero, dorado, robalo, sierra, huachinango, atún, mojarra, lenguado y curvina. Adicionalmente, se tomaron muestras de algunos nombres comerciales típicos de cada localidad ya que en Ensenada-Tijuana se incluyó el jurel y en Mérida el esmedregal y el chac-chi.

Los resultados revelan que en la ciudades donde se tomaron la muestra los “maestros del disfraz” son: marlín (100% de sustitución), huachinango (88%), curvina (53%), lenguado (46%) y mero (45%). Esta sustitución ocurre en pescaderías la mitad de las veces que compramos pescado, y 2 de cada 5 veces en restaurantes.

El marlin fue cambiado en ocasiones por tiburón Mako que es una especie en riesgo de acuerdo a la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés).

En el caso del robalo, cabrilla, huachinango y mero, el remplazo fue la tilapia o basa, que son hasta siete veces más baratos y que en la mayoría de ocasiones son productos importados de baja calidad, lo que impacta en los bolsillos de los consumidores y en la cadena productiva nacional.

La directora ejecutiva de Oceana, Renata Terrazas, explicó que el estudio es una radiografía del panorama y las afectaciones que se produce con la sustitución de especies en la cadena de valor del pescado en México.

Agregó que “los consumidores son los más perjudicados, ya que pagan un sobreprecio por pescados que no son lo que ordenaron o pidieron. Con este estudio aportamos la evidencia de un problema público de grandes dimensiones y también nuestras propuestas para solucionarlo, con la participación de la industria pesquera y las autoridades del sector”.

Según el reporte, un kilo de robalo o huachinango puede llegar a los 490 o 412 pesos, respectivamente, cuando en realidad estás comprando tilapia, cuyo precio de venta es de 68 pesos por kilo. Lo mismo pasa con la cabrilla cuyo costo por kilo es de 495 pesos, y se sustituye por basa, que tiene un precio de 80 pesos por kilo.

El engaño no solo afecta a los consumidores. Para los pescadores genera afectaciones económicas graves, debido a que se vende pescado importado, como la basa, como si fuera producto nacional. Para el sector es difícil competir en el mercado con productos importados baratos, ya que sus costos de producción son considerablemente menores, más aún si estos se venden como si fueran especies nacionales de mucho mayor valor.

Por estas práctica, Oceana México, organización internacional dedicada exclusivamente a la protección de los océanos, propone una política de trazabilidad de los productos pesqueros, con la que se pueda rastrear el camino que recorre un pescado para llegar a las mesas de los consumidores, también conocido como cadena de valor, y brindar información veraz sobre la especie y origen del pescado que comemos.

Por su parte, Mariana Aziz, directora de campañas de Transparencia de Oceana México, sostuvo que “Esta práctica perjudica nuestros bolsillos, ya que en ocasiones la diferencia de precio entre la especie solicitada y la obtenida llega a ser de 700 por ciento. Como consumidores tenemos derecho a recibir el producto por el que pagamos y tomar nuestras decisiones con la mejor información disponible”.

Recomendó que mientras no se tenga total transparencia sobre el origen de los pescados, se pueden comprar completos y estar presentes en el momento de que sean fileteados, o pedir al mesero que lleve a la mesa el pescado completo antes de ser preparado.

“Esta política nos permitirá tener información clara en cada etapa de la cadena de valor del pescado, e identificar en cuál ocurre la sustitución y poner manos a la obra. Una buena política de trazabilidad nos ayudará a tener la certeza de que estamos consumiendo el pescado que nos vendieron, y que el producto es resultado de la pesca legal”, afirmó Aziz.

Declararon que Oceana trabaja de la mano con otras organizaciones civiles y con la CONAPESCA para que la trazabilidad sea una realidad. “Somos parte de un Grupo de Trabajo Técnico en el cual estamos elaborando un Proyecto Normativo de Trazabilidad. Aún estamos en una etapa temprana del proceso de aprobación de la Norma Oficial Mexicana (NOM) de trazabilidad y faltan muchos pasos a seguir para que ésta sea una realidad”. (https://www.inforural.com.mx/)

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